Un género de videojuegos que durante una época pareció desaparecer es el detectivesco. Si bien nunca ha habido sequía, fue en los 2000 cuando más escasez hubo, aunque Phoenix Wright: Ace Attorney u Hotel Dusk estaban ahí para mantener la llama viva. Por suerte para los amantes de la novela negra, entre los que me incluyo, Return of the Obra Dinn, The Case of the Golden Idol o Disco Elysium han devuelto el género a su auge. Tanto es así que algunos hablan incluso de saturación del medio. Si bien esto tiene tintes negativos para los equipos de desarrollo, desde el lado del jugador más opciones siempre son mejores. The Mermaid Mask intenta, pues, abrirse un hueco en este mercado siguiendo la estela de su título anterior, Tangle Tower.
SFB Games, el estudio detrás de The Mermaid Mask, ya había demostrado anteriormente su buen hacer con propuestas tan diferentes como Snipperclips, un cooperativo de puzles tremendamente original, o la propia saga iniciada con Detective Grimoire y continuada por Tangle Tower, de la que esta nueva entrega recoge buena parte de sus bases para expandirlas con un caso mucho más ambicioso.
La premisa es un clásico del género: un asesinato en una habitación cerrada. Pero, como toda buena obra, tiene su aportación, y es que la historia transcurre en un mundo muy inspirado por H.P. Lovecraft, cuestión que se hace evidente desde el primer minuto. La víctima no es otra que Magnus Mortuga, el capitán de un submarino que yace muerto en el interior de un compartimento junto a un caldero que nunca antes había sido abierto. ¿Hay magia implicada en todo esto o podremos llegar a una conclusión racional?

Lo interesante es que el juego nunca se precipita a responder esa pregunta. Durante buena parte de la aventura juega continuamente con la incertidumbre, alternando teorías perfectamente plausibles con sucesos difíciles de explicar. Esa ambigüedad no solo refuerza la inspiración lovecraftiana, sino que consigue mantener la tensión de la investigación durante muchas horas, haciendo que cada nueva prueba o testimonio pueda cambiar por completo nuestra percepción de lo ocurrido.
The Mermaid Mask no busca reinventar la rueda; sus mecánicas principales son la deducción, el diálogo con sospechosos y la recolección de pruebas. Nos iremos moviendo por este submarino e interrogando a los ocho sospechosos mientras resolvemos puzles que nos darán acceso a nuevas piezas de este rompecabezas. Todo ello siguiendo una estructura muy clásica, pero ejecutada con la suficiente personalidad como para mantener el interés de principio a fin.
Y hablando de sospechosos, lo que más me ha gustado sin duda es la personalidad de estos protagonistas, cada uno con sus motivaciones e historias que se entrelazan. Tenemos un actor joven y atolondrado que protagonizó la adaptación de un escritor inmerso en la escritura de la secuela; un experto en navegación que se dedica a reparar brújulas mientras habla con su bastón; una medio sirena que busca tesoros submarinos, ¿referencia a La forma del agua?; una actriz de espectáculos esotéricos y misteriosos; un doctor especializado en el estudio de los sueños cuyo despacho contiene toda una colección de objetos oníricos; una joven que asciende a capitana tras la muerte de Mortuga con un importante trasfondo familiar; y una viajera misteriosa… Por no hablar de la pareja de detectives que funciona como un tándem humorístico perfecto. A cada objeto con el que interactuamos o frase que suelta un personaje, los protagonistas aprovechan para soltar su chascarrillo, a veces con más acierto que otras, dicho sea de paso.

Lo mejor es que ninguno de ellos se limita a cumplir un papel concreto dentro del misterio. Conforme avanza la investigación vamos descubriendo nuevos matices sobre sus relaciones, intereses y contradicciones, logrando que nuestras sospechas cambien constantemente. Es un reparto muy bien construido, en el que prácticamente todos tienen algo que ocultar y donde resulta difícil señalar a un único culpable durante buena parte de la aventura.
Muchas pruebas requieren una inspección exhaustiva, similar a The Room, que puede incluso convertirse en un puzle. Puzles que son de esos que nos hacen sentir inteligentes, rascando lo justo para tener que pensar, pero no demasiado complicados como para encallarse. Además, son muy variados y originales. Algunos se centran en la observación del escenario, otros nos obligan a interpretar documentos o manipular mecanismos, mientras que los más elaborados combinan varias de estas ideas. Esa variedad evita que la resolución de acertijos caiga en la monotonía y consigue que prácticamente cada obstáculo plantee un pequeño desafío distinto.
Además de la resolución de puzles, el juego sabe muy bien cuándo dejarnos unir los puntos de nuestro tablero policial mental. No se conforma con recoger todas las pruebas para que el caso se resuelva sin tenernos en cuenta; en varios momentos debemos relacionar testimonios, objetos y contradicciones para reconstruir los hechos. Sin llegar a ofrecer la libertad de propuestas como Return of the Obra Dinn, sí transmite constantemente la sensación de estar participando activamente en la investigación y no limitarse a desbloquear la siguiente escena. El cuaderno de los detectives organiza la información de forma clara, añadiendo los comentarios relevantes de cada personaje a cada prueba, permitiendo consultar pistas que a menudo podrían olvidarse. Es un equilibrio muy bien medido entre accesibilidad y desafío, evitando tanto la frustración de quedarse atascado durante horas como la sensación de que el juego piensa por nosotros.

Uno de los aspectos que más me ha gustado es cómo el juego dosifica la información. Cada nueva pista suele llegar en el momento oportuno, invitándonos a replantear hipótesis que parecían sólidas unos minutos antes. Esa constante sensación de estar reconstruyendo el puzle poco a poco hace que la investigación resulte muy satisfactoria y evita que avancemos simplemente porque el guion así lo dicta. En todo momento sentimos que somos nosotros quienes vamos acercándonos a la verdad gracias a nuestras propias deducciones, algo fundamental en una aventura detectivesca.
Visualmente, The Mermaid Mask tiene un estilo cartoon con toques oscuros para representar esa ambientación de terror cósmico. Los escenarios están repletos de detalles en los que fijarse para buscar pistas. Los personajes tienen animaciones en sus expresiones que, aunque limitadas, se sienten muy vivas y distintivas.
Especialmente inspirado está el diseño del submarino, que termina convirtiéndose casi en un personaje más de la aventura. Cada compartimento posee una identidad muy marcada y consigue transmitir la sensación de ser un lugar vivido, lleno de pequeños objetos y detalles que no solo enriquecen la ambientación, sino que en muchas ocasiones forman parte de la propia investigación. El hecho de regresar con frecuencia a salas ya visitadas tampoco se hace pesado, pues casi siempre lo hacemos con una nueva perspectiva o buscando algo que anteriormente había pasado desapercibido.
En el apartado sonoro destaca una banda sonora tenebrosa que encaja como anillo al dedo con el resto de la obra. El doblaje, aunque solo en inglés, tiene unas interpretaciones brillantes y llenas de personalidad, haciendo cobrar vida al reparto, detalle importante en un juego cuya piedra angular es el diálogo. Cada personaje cuenta además con una interpretación muy diferenciada, algo que ayuda a reforzar su personalidad y hace que las conversaciones resulten todavía más entretenidas de seguir.

Como conclusión, describiría The Mermaid Mask como una buena puerta de entrada al género para los no versados y una buena iteración más para los ya acostumbrados a él. Es muy divertido ir acumulando pruebas y que en determinado momento, muy a lo The Case of the Golden Idol, tengas que exponer lo que sabes rellenando los huecos de las acusaciones, buscar entre todas las evidencias cuál demuestra qué. Los giros en la trama y las motivaciones de todos los personajes en general están muy trabajados.
Sin pretender reinventar el género, consigue entender perfectamente qué hace funcionar una buena aventura detectivesca: personajes interesantes, una investigación que nos hace sentir partícipes y un misterio capaz de mantener la curiosidad hasta el desenlace. En un momento en el que este tipo de propuestas vive una nueva edad dorada, The Mermaid Mask demuestra que todavía hay espacio para seguir sorprendiendo con buenas historias y casos bien construidos.

