Aphelion es el nuevo proyecto de DON’T NOD, el estudio conocido por sus experiencias narrativas como Life is Strange. Esta vez, el equipo cambia los dramas cotidianos y las decisiones ramificadas por una historia de supervivencia de ciencia ficción, ambientada en un planeta helado y desconocido. El resultado es un juego que apunta alto a nivel emocional, visual y conceptual, pero que tiene dificultades para mantener el equilibrio durante su relativamente corta duración. En sus mejores momentos, Aphelion es una historia íntima y evocadora sobre el aislamiento, la supervivencia y el vínculo humano, pero en sus peores parece una mezcla de ideas jugables que nunca llegan a encajar del todo. Esa tensión define la experiencia.

En un futuro cercano, donde la Tierra ya no es habitable, los astronautas Ariane y Thomas, son enviados por la Agencia Espacial Europea a explorar Persephone, un planeta que podría ser la última esperanza de la humanidad. Como es de esperar, todo sale mal: su nave se estrella, quedan separados y la misión se convierte en una lucha por sobrevivir… y reencontrarse. El juego se divide en 11 capítulos que alternan entre ambos personajes. Ariane se encarga principalmente de la exploración y el movimiento, mientras que Thomas, herido y atrapado, ofrece una perspectiva más centrada en la supervivencia.

Esta estructura dual es una de las ideas más interesantes del juego. Permite explorar el aislamiento desde dos ángulos: el físico y el psicológico. Sin embargo, la ejecución es irregular, pues, aunque cambiar de personaje aporta variedad, rara vez se cruzan de forma significativa más allá del objetivo común. Además, Aphelion es completamente lineal, sin decisiones ni caminos alternativos, lo cual es una apuesta poco habitual para el estudio. Esto ayuda al ritmo, pero también reduce la sensación de control del jugador, haciendo que la experiencia se parezca más a una película interactiva que a un juego tradicional.

DON’T NOD tiene fama por sus historias, así que las expectativas eran altas. Y, siendo justos, Aphelion ofrece momentos emocionales logrados. La relación entre Ariane y Thomas, tensa y distante, aunque humana, es el núcleo del juego. Hay destellos de brillantez: conversaciones por radio, momentos de vulnerabilidad y un misterio creciente sobre el planeta y una expedición anterior, lo cual ayuda a mantener el interés, pero en conjunto, la historia se queda a medio gas y, a pesar de su enfoque narrativo, le falta fuerza y evolución. Parte de la culpa de esto la tiene la breve duración del juego, ya que en apenas 4 o 5 horas,  no llega a haber espacio ni tiempo suficiente para desarrollar bien a los personajes. Esto hace que algunos momentos importantes lleguen demasiado pronto o sin el peso emocional necesario, con lo que la historia, a pesar de resultar interesante mientras dura, difícilmente consigue dejar huella.

En cualquier caso, si Aphelion tiene un punto débil claro ese es la jugabilidad. Los desarrolladores han intentado ofrecer una experiencia que combina plataformas, sigilo, puzles y supervivencia ligera, pero no destaca en ninguno de estos apartados. Las mecánicas sobre las que, por ejemplo, se basan las secciones de Ariane -escalar, usar herramientas, atravesar terrenos peligrosos- funcionan y a veces resultan satisfactorias, recordando ligeramente a aventuras más cinematográficas como Uncharted, aunque con un ritmo más pausado. Sin embargo, la jugabilidad se vuelve repetitiva con rapidez y muchas acciones se repiten sin apenas variación, lo que hace que el conjunto pierda fuerza. Las secciones de sigilo son especialmente problemáticas pues, aunque idea es interesante al hacernos evitar criaturas alienígenas que reaccionan al movimiento o al sonido, en la práctica resultan torpes y algo anticuadas. Las plataformas funcionan mejor, pero son demasiado simples para destacar, evidenciando falta de creatividad y evolución en los retos que se nos proponen.

El problema principal, pese a todo, es la falta de cohesión. Aphelion parece una colección de mecánicas en lugar de un sistema bien integrado y, aunque cada parte se las apaña para ser relativamente funcional por separado, al juntarlas no terminan de formar una experiencia sólida.

Donde el juego realmente brilla es en su apartado visual y su atmósfera. Persephone es un mundo impresionante: vasto, hostil y, a la vez, fascinante, en el que se nota que se ha puesto especial cuidado en los detalles y en la construcción del entorno. Desde paisajes helados hasta cuevas opresivas, los escenarios transmiten muy bien la sensación de soledad y peligro y, gracias al uso de Unreal Engine 5, el juego tiene un acabado muy cinematográfico. La iluminación, el clima y los efectos visuales contribuyen a crear una experiencia envolvente. El sonido también destaca, con una banda sonora que acompaña perfectamente los momentos más íntimos, y un buen doblaje que ayuda a dar vida a los personajes. En muchos sentidos, Aphelion funciona mejor cuando se centra en su atmósfera que cuando intenta ser un juego más activo.

Con unas 4–5 horas de duración, Aphelion es una experiencia corta y muy dirigida. Para algunos jugadores esto será positivo: no se alarga innecesariamente y mantiene un ritmo constante, pero, como hemos señalado, también deja en evidencia sus limitaciones, pues no hay apenas espacio para explorar más a fondo sus ideas, ni incentivos para rejugarlo, ya que, una vez terminado, es difícil encontrar razones para volver. Es un juego con una identidad dividida que quiere ser una experiencia narrativa potente, pero a la que le falta profundidad. Quiere ser una aventura jugable, pero sus mecánicas no están a la altura.

Y aun así, no es un mal juego. Tiene algo especial en su forma de contar una historia íntima dentro de un entorno solitario y frente a otros títulos más espectaculares, apuesta por algo más contenido y personal. Si valoras la atmósfera, la narrativa y la experiencia emocional por encima de la acción, merece la pena, pero si buscas un sistema jugable profundo o un reto o una experiencia que te deje huella entonces probablemente se te quede corto.