Desde que vimos a MOUSE: P.I. for Hire por primera vez en movimiento, lo primero que nos golpeó no fue tanto su promesa jugable como la personalidad que desprendía desde el primer segundo. Es de esos juegos que nos plantan delante una estética tan marcada que casi parece que el gameplay es secundario… y sin embargo no lo es. El proyecto nace de Fumi Games con la intención de recuperar ese espíritu de los shooters rápidos y directos, pero envolviéndolo en un envoltorio visual inspirado en la animación clásica de los años treinta, con ese estilo de goma -rubber hose-, blanco y negro, y una atmósfera de cine negro que no se limita a decorar, sino que intenta respirar a través de todo lo que hacemos en pantalla. Desde el primer contacto entendemos que no estamos ante un experimento, sino ante una apuesta que busca identidad por encima de cualquier otra cosa, aunque eso implique asumir riesgos evidentes en lo jugable.

La historia nos pone en la piel de un detective privado llamado Jack Pepper, en una ciudad retorcida por la corrupción y el humo de los callejones. El tono es el de una novela noir pasada por un filtro de dibujos animados clásicos, donde los personajes animales antropomórficos conviven con crímenes, conspiraciones y una sensación constante de decadencia urbana. Sin entrar en terreno de destripes, lo que se nos propone es una investigación que sirve como excusa para movernos por distintos puntos de la ciudad y enfrentarnos a una red de situaciones cada vez más tensas, donde el humor negro y el cinismo se mezclan con momentos más serios. Todo está diseñado para que sintamos que estamos dentro de una película antigua que, en lugar de proyectarse, se está jugando. El protagonista no es un detective especialmente sofisticado en cuanto a escritura profunda, pero sí encaja bien en ese arquetipo de investigador duro, algo cansado del mundo, que encaja como un guante en el tono general del juego.

Cuando pasamos a la jugabilidad es donde el juego realmente se define sin necesidad de discursos. Estamos ante un shooter en primera persona de ritmo rápido, con un buen arsenal bastante variado, combate directo y una estructura que bebe claramente de la filosofía de los llamados boomer shooters modernos. La acción es ágil, el movimiento tiene peso suficiente sin volverse tosco, y los enfrentamientos buscan mantenernos en constante movimiento. Hay un enfoque arcade muy marcado, donde el objetivo es avanzar, disparar, esquivar y adaptarnos a situaciones que cambian con rapidez. No hay una intención de convertir el combate en algo excesivamente táctico ni complejo, sino en algo fluido y continuo. A esto se le añade un ligero barniz de investigación o interacción con el entorno que intenta justificar el rol de detective del protagonista, aunque en la práctica no transforma el núcleo jugable en algo radicalmente distinto. Funciona más como capa temática que como sistema profundo, pero cumple su papel de dar coherencia al conjunto.

En algunos momentos puntuales, cuando la novedad del combate ya ha hecho su efecto, puede aparecer cierta sensación de familiaridad en el ritmo de los enfrentamientos, aunque el juego intenta compensarlo con su propio dinamismo. El gunplay es satisfactorio, el impacto de los disparos está bien conseguido y el ritmo general es competente, pero la variedad de situaciones no siempre evoluciona al mismo nivel que el estilo visual. Esto hace que en ciertos tramos la estructura se apoye demasiado en la repetición de enfrentamientos similares, y aunque el juego intenta compensarlo con cambios de escenario y enemigos distintos, no siempre consigue evitar una cierta sensación de repetición. Aun así, cuando todo encaja, el flujo de acción es muy disfrutable, especialmente si buscamos un shooter directo y sin complejos.

Si miramos otros elementos que rodean la experiencia, como la estructura general del progreso o la forma en la que se nos invita a avanzar, encontramos un diseño bastante lineal pero funcional. No es un juego que pretenda ofrecernos múltiples caminos complejos o sistemas profundamente ramificados, sino una experiencia guiada que apuesta por el ritmo y la presentación. Hay pequeños intentos de variedad que ayudan a que la aventura no sea completamente plana, pero el núcleo sigue siendo muy claro en su intención de centrarse en la acción y la estética como pilares principales. Nos esperan 24 misiones que nos van a ofrecer cerca de 10 horas de acción trepidante y que pueden alargarse un poco más si vamos a por todos los extras que nos propone el juego.

En el apartado técnico y audiovisual es donde MOUSE: P.I. for Hire prácticamente no compite con nadie, porque juega en una liga completamente distinta en términos de identidad artística. El uso del blanco y negro, y del estilo cartoon con el acabado «rubber hose» no es simplemente una elección estética superficial, sino una herramienta que define la lectura del espacio, el contraste de las escenas y la forma en la que percibimos el movimiento. La animación tipo goma aporta una sensación casi teatral a cada acción, como si los personajes fueran marionetas elásticas dentro de una obra animada antigua que ha cobrado vida en un entorno tridimensional. Este contraste entre lo clásico y lo moderno genera una imagen muy potente que se queda en la memoria con facilidad. El sonido acompaña bien el conjunto, con efectos contundentes que dan fuerza a la sensación de impacto en los disparos y una ambientación que sostiene el tono noir sin necesidad de excesos.

El diseño de escenarios también contribuye a esa sensación de estar dentro de una ciudad viva pero decadente, donde cada rincón parece tener una historia implícita aunque no se nos cuente de forma directa. La iluminación, pese a la ausencia de color, está trabajada para generar profundidad y lectura clara de los espacios, algo especialmente importante en un shooter donde la rapidez del combate exige claridad constante. A nivel de rendimiento y fluidez, el juego mantiene una base sólida, sin grandes sobresaltos que rompan la experiencia, lo cual es importante teniendo en cuenta el tipo de acción que propone.

En conjunto, MOUSE: P.I. for Hire es un juego que se sostiene sobre una idea muy fuerte y muy bien ejecutada en lo visual, acompañada de una jugabilidad sólida pero con una estructura que se repetirá durante toda la aventura. Es de esos casos en los que la personalidad del proyecto pesa tanto que consigue elevar una base jugable correcta a algo más memorable, aunque no perfecto. Su mayor virtud es esa coherencia interna entre estilo y tono, esa sensación de que todo pertenece al mismo universo sin fisuras visibles. Su mayor debilidad, si queremos ser justos, es que esa misma base jugable no siempre evoluciona al ritmo que su presentación promete, lo que puede generar altibajos en la intensidad de la experiencia.

Al final, cuando nos alejamos de él, nos queda la sensación de haber jugado a un título que no intenta ser uno más dentro del género de los shooters en primera persona, sino que quiere dejar una marca propia a través de su identidad visual y su atmósfera. No es un título que dependa de la innovación mecánica para destacar, sino de la fuerza de su mundo y de su estética. Y en ese terreno, lo consigue con bastante más soltura de la que uno podría esperar al verlo por primera vez. Es un juego que entra por los ojos, pero que también sabe mantenerse en pie el tiempo suficiente como para no quedarse solo en una curiosidad visual, es un juego sólido en su mecánicas y su propuesta aunque tampoco llega a convertirse en una revolución del género.