Cuando nos hacemos mayores nos damos cuenta qué nuestras vidas, incluso aunque hayan sido buenas, no son lo que proyectábamos mirando desde la niñez. Y cuando miramos desde la madurez al pasado, las imágenes y recuerdos tampoco son exactamente lo que pasó en realidad. «Nada es como es, sino como se recuerda», dicha por el maestro Valle-Inclán. Incluso podemos perder para siempre muchas de esas instantáneas del pasado. Pero lo que sí retenemos, más real o idealizado, es uno de nuestros pilares básicos. OPUS: Prism Peak nos propone tratar temas bastante universales y presentes en nuestro día a día a través del recurso del realismo mágico. Y lo hará con una narrativa y dirección artística primorosas. 

Un viaje encantador lleno de personajes entrañables

La taiwanesa SIGONO se ha ido especializando en presentar historias en formato jugable con su propio toque y alma. La trilogía OPUS nos hablaba de temas también muy humanos a través de la ciencia-ficción, siendo el tercero, el maravillosos OPUS: Echo of Starsong una aventura tan grande, como muy emocional y preciosa artísticamente.

Pues OPUS: Prism Peak cambia completamente de tercio, de la ciencia-ficción más ‘space opera’, a ese realismo mágico tan funcional para paralelizar aspectos humanos con lo sobrenatural, como para dejarnos llevar por la fantasía y la ilusión del viaje y el descubrimiento. Que la editora del juego sea japonesa, Shueisha Games, contrasta con la preciosa y muy referencial dirección artística. Que con la brocha gorda, podemos situar muy fácilmente en el universal Estudio Ghibli, y justamente al Makoto Shinkai que hibrida cotidaneidad con magia. Precisamente, el juego cuenta con doblaje no solo chino, sino también inglés y japonés, muy profesionales, para sentirnos jugar dentro de un anime. Por supuesto, tenemos textos también en español, para acentuar más la experiencia para quienes vemos animación asiática en versión original.

Una montaña mágica como objetivo vital, un clásico de la fantasía

OPUS: Prism Peak nos propone manejar a Eugene, una persona tremendamente mundana, que  a sus 40 años ve que su vida no ha alcanzado las metas y hasta la felicidad que él esperaba con ilusión desde que era un niño. No se trata de grandes traumas ni golpes de efecto en su vida personal. Simplemente su vida, su matrimonio, sus trabajos, sus ilusiones, sus relaciones personales… no han logrado darle la ilusión que esperaba. Eugene tiene gente que se preocupa por él, y él es una buena persona. Pero se distancia de todo cuando las cosas no han ido funcionando.

La historia empieza con Eugene conduciendo para acudir al funeral de su abuelo, una persona muy importante en su vida, que le inculcaría su gran pasión y hasta su principal modo de vida: la fotografía. Desde niño, Eugene ha aprendido con su abuelo los secretos y el disfrute por la captura de momentos a través de una cámara. Y será la cámara de fotos la principal pieza narrativa y jugable de este título. 

Tras un accidente conduciendo, y un extraño e incomprensible viaje por un tunel, Eugene llega a una suerte de mundo paralelo donde los espíritus cobran presencia. Sin saber qué hacer más allá que explorar este inquietante pero fascinante mundo, conoce a una niña amnésica que ni siquiera puede decirnos su nombre, pero que tiene un objetivo claro en la cabeza: no quiere desaparecer, y debe llegar a lo alto de la montaña. En este mundo, el olvido hace desaparecer a los seres que lo habitan, personificado con la amenaza constante de la Penumbra, que nunca dejará de ir tras nuestros pasos.

Tan imponente como fascinante este enorme espíritu

Si los anteriores OPUS ofrecían historias jugables que usaban muy sabiamente los recursos limitados del estudio, OPUS: Prism Peak sube claramente la apuesta empezando por un solvente motor 3D para representar el mundo y jugar directamente en él, frente a la estructura más ‘visual novel’ de los títulos anteriores.

Como hemos comentado, la cámara de Eugene es la pieza vital de todo. Las distintas secciones del viaje proponen resolverse a través de exploración y resolución de enigmas y pruebas, que precisan de la fotografía. El juego diferencia bien entre las fotografías claramente más importantes, las que ofrecen información cuando las fotografiamos, las que tienen ‘algo’, y las que podamos sacar por nuestra cuenta sin que aparentemente aporten algo directo. El ritmo del juego es bastante particular por ello, a veces parece que cada parte es un capítulo distinto frente a pensar en un largometraje global. Y narrativamente se beneficia mucho por ello.

Veremos pebeteros donde interactuar y resolver enigmas usando las fotos. Pero no se trata solo de seguir avanzando en la historia, tenemos mucho contenido lateral en el qué profundizar, empezando con las relaciones con los distintos espíritus que vamos conociendo. Fotografías sacadas en secciones anteriores -a las que no podemos volver una vez superadas- puede ofrecer algo más adelante. Insistiendo que no es necesario completar todos los lazos y posibilidades que se ofrecen, en la primera vuelta es imposible hacerlo, no afecta al avance general de la historia, y sirven como un buen complemento  y profundización de la misma.

Pero hay bastantes más cosas,OPUS: Prism Peak propone una jugabilidad fantástica para los jugadores más aventureros que conecten con su ritmo y planteamiento particular. 

Nuestras elecciones y acciones importan

Llevamos un diario de viaje donde se acumula información y también distintos puzles que iremos desarrollando tanto con las fotos, como con investigación. El juego hasta propone decodificar un alfabeto, a la usanza de juegos como Chants of Sheenar o Heavent’s Vault, que podremos completar con ‘fuerza bruta’ -gastamos carboncillo al escribir y probar cosas en el cuaderno-, como con investigación en los entornos y deducción. Y eso hay también en otros apartados como los murales, o las crecientes relaciones con los espíritus, a la hora de completar sus pensamientos en forma de textos.

Investigar mucho también nos proporciona semillas, que arrojadas al fuego del pebetero, harán que nuestras capacidades fotográficas mejoren. Sea con nuevas lentes, más espacio en el álbum de fotografías, y hasta kits de limpieza de la lente, este recurso se une a las ‘cenizas/carboncillo’ como otro punto más de gestión y búsqueda.

Luego tenemos eventos especiales, momentos de tensión, persecución… para darle más vuelcos a la narrativa. Pero lo que hace maravillosamente bien OPUS: Prism Peak es meternos más o menos en la historia, a través de nuestra propia manera de jugar, más resolutiva, más rápida y centrada en el argumento general, más contemplativa… llevando a nada menos que 26 finales distintos. 

Por supuesto, los flashbacks al pasado son obligados en una historia tan vital como esta

Insistiendo que en la primera vuelta no vamos a verlo todo, una vez alcancemos un final para nuestra historia, podremos volver a ella con ventajas y elecciones que nos permiten saltar secciones y centrarnos en explorar posibilidades y completar ramas en las que no habíamos profundizado. De una historia de 10-12 horas, o algo más para quienes avanzamos con calma, llegaríamos a la veintena de horas, incluso algo más, si nuestro objetivo es ‘limpiar’ todo el juego y sus numerosos logros.

OPUS: Prism Peak vuelve a ser otra obra con corazón de las atentas manos de SIGONO. Un juego que puede llegar perfectamente a cualquiera, que tocará más fibras en algunos casos, pero que propone muchas cosas de forma bien contada como para emocionar a cualquier adolescente fanático del anime, como al adulto que no simpatiza mucho con los ‘dibujos animados’. Su rica jugabilidad de fotografiar, explorar, deducir y anotar nos ganará con el mando, como su diseño artístico e historia lo hará en el corazón.