Desde que se reveló al mundo el pasado año, Duskfade se ha convertido en una de las grandes apuestas de este 2026 no solo en cuanto a videojuegos españoles, sino en cuanto a indies en general. Desarrollado por el estudio madrileño Weird Beluga -quienes en el pasado nos trajeron el curioso Clid the Snail bajo el sello PlayStation Talents-, ahora apuestan por un juego que se inspira de lleno en los grandes títulos de aventuras de la generación 128 bits.
De hecho, Duskfade ha sido calificado continuamente como «el Kingdom Hearts español», una afirmación que, tras haberlo jugado en su totalidad, discrepo completamente con ella. Y es que con Kingdom Hearts solo comparte el estilo artístico y ciertos elementos del combate, por lo demás no tiene absolutamente nada que ver con la franquicia de Square Enix. Es más, tiene más similitud con títulos como Jak and Daxter o Ratchet and Clank que con cualquier otra saga con la que se le haya comparado.
Duskfade nos pone en la piel de Zirian, un joven que deberá emprender una aventura para salvar a su hermana y devolver el equilibrio a un mundo donde el transcurso natural del tiempo se ha visto alterado. El origen del problema se encuentra en una misteriosa Torre del Reloj que aparece de la nada y en los secretos de los llamados Maestros Relojeros, elementos que sirven como hilo conductor para recorrer un universo fantástico construido alrededor de la manipulación del tiempo.

Realmente estamos ante un plataformas 3D de habilidad, y esto es importante porque el juego no utiliza el plataformeo simplemente como complemento de sus combates, sino que compone casi la totalidad de la experiencia. Por ello el movimiento es uno de los grandes protagonistas de la aventura y hay que decir que el manejo es una absoluta maravilla, posiblemente uno de los mejores que he visto en juegos de plataformas en mucho tiempo. Zirian se colocará exactamente donde queramos que se coloque y muy raras veces perderemos vida a causa de esto. Es una auténtica gozada recorrer los niveles y plataformear saltando y brincando como locos.
De hecho, esta es otra de las razones por las que la comparación con Kingdom Hearts deja de tener sentido. Visualmente puede haber elementos que recuerden a él y el propio equipo reconoce su influencia, especialmente en el diseño del protagonista, pero Duskfade pone mucho más énfasis en la movilidad y en superar desafíos de plataformas, alejándose totalmente de la parte RPG y subida de niveles que caracterizan a la franquicia de Disney.
Lo cierto es que sorprende muchísimo la atención al detalle y el mimo con el que ha sido desarrollado el juego. Duskfade desprende cariño y buen hacer por cada uno de sus costados y eso es algo muy a tener en cuenta. Conforme iba jugando iba pensando «a este juego le pegaría que tuviese esto, esto y esto» y poco tiempo después me encontraba eso mismo que desearía que tuviera. Se trata de un título muy cuidado que. bajo una capa de juego indie, oculta una de las experiencias plataformeras más completas de los últimos años.

Aunque no estamos ante un collectathon como tal, eso no significa que no haya coleccionables que conseguir, de hecho habrá una gran cantidad de ellos esparcidos por los niveles. Algunos servirán para ampliar información sobre el trasfondo del juego, mientras que otros nos dará acceso a skins tanto para el personaje como para Minutero, nuestra arma, además de poder ir ampliando nuestro arsenal de habilidades y mejorando nuestros movimientos si tenemos la suficiente cantidad de esquirlas para poder adquirirlas. Las nuevas habilidades y gadgets también sirven para abrir rutas y acceder a lugares a los que inicialmente no podremos, incentivando el regreso a determinadas zonas cuando ya dispongamos de nuevas herramientas.
La ciudad de Tick Town sirve como núcleo principal del juego y desde ahí podremos viajar hasta el resto de mundos y prepararnos para la aventura. Allí podremos hablar con los nubinos -una raza de seres nebulosos que conviven con los humanos- y acceder al resto de opciones del juego como tiendas, desbloqueo de coleccionables o simplemente cumplir misiones secundarias. A esta ciudad podremos regresar en cualquier momento a través de portales que nos iremos encontrando por los mundos.
En cuanto al diseño de niveles, cada uno de los mundos -cuatro en total- es enorme y pasaremos bastantes horas en cada uno de ellos. Aquí se combinan los escenarios abiertos con secciones de plataformeo de precisión, algunas incluso sirviendo a modo de puzles donde la habilidad y el timing serán importantes. A su vez, cada uno de los mundos se divide en subzonas donde desde el menú podremos ver la cantidad de coleccionables que tiene y los que nos faltan por conseguir, lo que ayuda bastante a la hora de conseguir el 100%.

Por supuesto, el combate también está presente. Eventualmente encontraremos secciones que sirven a modo de «arenas» donde varios enemigos nos acorralarán y nos tocará limpiar la zona antes de poder continuar. Aquí es donde se echa en falta un sistema de combate más profundo, ya que prácticamente todos los enfrentamientos se basarán en golpear con ataque débil/fuerte y rodar para esquivar los ataques enemigos -no, no es un combate tipo soulslike a pesar de ello-, aunque también podremos ayudarnos de habilidades especiales, no porque realmente sean necesarias sino para limpiar las zonas de enemigos más rápidamente. Quizás los bosses principales presentan un mayor desafío y nos obligan a algo más que golpear y esquivar, al igual que en los últimos mundos la dificultad aumenta, pero en general es bastante sencillo en ese aspecto.
Respecto al apartado visual, el juego hace uso del motor Unreal engine 5 para presentarnos un estilo artístico tipo cartoon, totalmente colorido e iluminado en cada una de sus zonas pero sin perder la identidad que caracteriza a cada entorno, como cuevas subterráneas o volcanes. Es digno de alabar también el rendimiento del juego, manteniéndose a 60 fps estables en todo momento sin caídas de ningún tipo, además con unos tiempos de carga prácticamente inexistentes entre zonas o a la hora de teletransportarnos, con lo que nos encontramos una optimización muy buena.
En cuanto al sonido, la banda sonora compuesta por Rafa del Olmo cuenta con temas orquestales muy buenos y adaptados al ambiente de cada nivel, de esas que acabaremos tarareando a medida que jugamos. Los efectos sonoros también juegan un papel importante, ya que cada coleccionable emitirá su propio sonido cuando nos encontremos cerca de alguno y tendremos que estar atentos para localizar. Duskfade cuenta además con textos en castellano y voces en inglés, además con una buena localización, por lo que el idioma no es problema para disfrutar de esta aventura.

La duración de Duskfade ronda las 10-12 horas hasta ver los créditos jugando de manera normal, pero contando con darle una segunda vuelta al juego para conseguir el 100% y el contenido secundario, se nos puede ir perfectamente hasta las 18-20 horas de juego, y todo por un precio de 29’99 euros, que sinceramente me parece más que justo para todo lo que tiene que ofrecer.
En definitiva, quizás Duskfade no sea una obra maestra ni invente nada nuevo en el género, pero puedo asegurar que he disfrutado cada segundo de juego que le he dedicado. Se trata de un título que gustará sobre todo a los jugadores de la vieja escuela, mientras que quienes prefieran juegos más modernos y «cinematográficos» quizás no encuentren tanto atractivo en Duskfade. Por mi parte y a título personal, parece un juego que haya sido creado expresamente para mí. Weird Beluga demuestra con este título que tienen talento de sobra y sobre todo mucho amor por los videojuegos, por lo que desde aquí no puedo más que recomendar su compra porque estamos ante una joya de los juegos plataformeros recientes.
