Después del éxito del gran Faster Than Light, varios son los juegos que han intentado utilizar su fórmula para triunfar. Juegos en los que toca manejar una pequeña tripulación de forma correcta y eficiente para llevar a término diversas misiones o movernos entre distintos puntos de una ruta determinada.

En el caso que nos ocupa — Bomber Crew en su versión para Nintendo Switch —, nuestro cometido es conseguir que un puñado de soldados a bordo de un bombardero de la Segunda Guerra Mundial realicen correctamente sus funciones para poder llegar a causar un notable impacto en el devenir de la contienda. El juego promete horas de tensión, estrategia y mucho, mucho micromanejo. ¿Pero vale la pena? Piloto, abróchese el cinturón, navegante, trace el rumbo, artillero, a la torreta, ingeniero, póngase su jersey de lana, ¡porque vamos a despegar!

¡JERSEY DE LANA EN POSICIÓN, SEÑOR!.

 

Lo primero que llama la atención al arrancar el juego es el aspecto gráfico. El juego es… cuco. Pero no nos engañemos, bajo esa capa que uno podría considerar infantil se encuentra un juego de una profundidad importante, donde el más mínimo error puede — y la mayoría de las veces será así — dar al traste con la misión en la que estemos enfrascados.

Pero antes de empezar cualquier misión, lo que necesitaremos es un equipo de soldados dispuestos a morir y luchar a nuestras órdenes, un piloto, un ingeniero, un navegante, un operador de radio, dos artilleros, y un bombardero. Estos serán reclutados por el jugador de entre los voluntarios que se vayan presentando, cada uno con sus distintas estadísticas. Estos soldados, una vez reclutados, irán subiendo de nivel conforme vayan superando misiones y volviendo con vida. Esto último es importante, puesto que en Bomber Crew, la muerte es permanente, lo que hace que muchas veces nuestra mayor preocupación no sea cumplir la misión, sino intentar que la mayoría de nuestros tripulantes vuelvan con vida de esta, ya que cada vez que uno de ellos fallezca, tocará reclutar a un tripulante nuevo, con su inherente inexperiencia, ya que con cada subida de nivel las estadísticas de cada soldado van subiendo, y a ciertos niveles ganaremos nuevas habilidades e incluso una clase secundaria. Estas habilidades pueden ser esenciales para el cumplimiento de las misiones, ya que ofrecen posibilidades como hacer una barrena para apagar el fuego de las alas, realizar una maniobra para evitar fuego enemigo, o acelerar el avión más allá de su tope con el consiguiente aumento de succión de combustible. Estas habilidades, obviamente, se pierden con la muerte del soldado que las haya aprendido, por lo que un nuevo recluta debería de aprenderlas de nuevo.

Imaginen quién es aquí el soldado novato.

 

Las misiones tienen varios objetivos, desde simplemente patrullar una zona, hasta bombardear distintos puntos enemigos,  defender unidades amigas, o fotografiar otras entidades. Los objetivos pueden ir variando a lo largo de cada misión, y los enemigos casi nunca nos lo pondrán fácil. Aquí tenemos el núcleo del juego, y es que, para superar exitosamente cada misión, deberemos manejar a nuestros tripulantes de forma rápida y organizada, eligiendo a cada uno de ellos e indicándole la acción a seguir. Nos encontraremos a menudo moviendo al bombardero — el soldado, no el avión — entre la estación de bombardeo y una de las torretas, mientras el ingeniero arregla el sistema eléctrico para que podamos utilizar el radar, o el navegante aprovecha la coyuntura para llevarle munición al artillero que se ha quedado sin esta. Todo esto al mismo tiempo que el piloto eleva el avión a la altura máxima, pero no demasiado tiempo porque a alguno de nuestros tripulantes le podría entrar un ataque de hipoxia, y desmayarse. El juego es suficientemente profundo como para tener en cuenta la temperatura dentro del avión — a más altura, más frío — o el consumo de combustible — llevar el tren de aterrizaje desplegado o tener abiertas las puertas de lanzamiento de bombas hace que sea mayor, al igual que el peso del propio avión —.

 

Tendremos que ir moviendo continuamente nuestros soldados entre las distinas estaciones interiores del avión.

 

Si bien en las primeras misiones estas acciones se realizarán de forma tranquila, pronto nos veremos enfrascados en batallas donde cada décima de segundo que perdamos en pensar nuestra siguiente acción es una décima de segundo que nos acerca más a la muerte. Y aquí podríamos encontrarnos con uno de los puntos flacos del juego — aunque habrá quien no lo vea así— su curva de dificultad. Pasaremos de lentos aviones enemigos a feroces pilotos que no dudarán en lanzarnos varios misiles para derribarnos, junto con diversas defensas antiaéreas, casi sin darnos cuenta.

Tampoco ayuda a ello el control elegido para el micromanejo de nuestras unidades. Es una verdadera lástima que teniendo en Switch una herramienta perfecta para este tipo de juegos, como es la pantalla táctil, se elija prescindir de ella y se decida interactuar con el juego solo mediante el joystick y los botones. A veces se hace bastante engorroso estar en medio de una gran refriega y tener que ir moviendo la selección de soldados hasta llegar al que se quiere elegir, cuando, con pantalla táctil, se podría seleccionar de un plumazo, al igual que se hace en la versión PC con el ratón. Se podría considerar perfectamente la mayor tara de este juego, y es una lástima, porque la interfaz la tienen desarrollada ya en compatibles.

Para ayudarnos con las distintas misiones, además de la propia subida de nivel de nuestros soldados, podremos equiparlos con distintos ropajes o uniformes que aumenten sus estadísticas en distintos campos determinados, y esta será una de las estrategias que tendremos que decidir: ¿preferimos tener menor defensa a costa de más velocidad de movimiento dentro del avión? ¿preferimos tener ropaje cálido? En caso de que tengamos un aterrizaje forzoso, o explote el avión, ¿primamos la supervivencia en tierra o mar? Existen multitud de combinaciones que podremos usar hasta encontrar la que nos haga sentirnos cómodos en cualquier misión.

Además del equipo de la tripulación, el avión también puede ir equipándose con piezas más mortíferas o fuselaje más duro, normalmente acompañado de un aumento de peso y su correspondiente aumento en consumo de combustible o reducción de maniobrabilidad. De nuevo, es decisión del jugador elegir qué atributos prefiere primar sobre qué otros. Al igual que los miembros de la tripulación, el avión también puede ser destruido. Esto ocasionará que tengamos que obtener otro, y, de nuevo, perdamos las piezas instaladas en el anterior. Es importante señalar que la destrucción del avión no tiene que comportar la muerte de todos los tripulantes, aunque raro sería que sobreviviesen todos a una explosión. De nuevo, muchas veces vamos a primar la supervivencia del equipo al éxito de la misión.

El diseño del avión es bastante personalizable.

 

En las distintas misiones, de vez en cuando aparecerán «ases» enemigos. Estos ases serán pilotos con una habilidad excepcional y cuyo derribo nos proporcionará una cantidad importante de ingresos extra. Tendrán barra de vida, y será posible cumplir la misión sin derribarlos, lo que hará que nos perdamos la recompensa. Pero siempre se puede volver a intentar. La dificultad de estas misiones suele ser bastante elevada, por suerte estarán marcadas en el mapa de la campaña para que nos podamos preparar a conciencia antes de emprender una de estas tareas.

Por último, otro apartado a reseñar es su sonido. No tiene ningún tipo de música ambiental, por lo que puede parecer escaso en según qué momentos, pero una vez subidos al avión consigue generar una ambientación bastante buena, con las comunicaciones de radio, los sonidos de los motores y, sobretodo, los sonidos de los disparos y misiles que se van a ir entrecruzando en las distintas refriegas. No se podría decir que los efectos de sonido son notables, pero cumplen sobradamente su cometido.

Alguien va a tener que salir a apagar las llamas de ese motor… o el piloto puede hacer una maniobra para ello.

 

En definitiva, Bomber Crew es un juego que intenta meter al jugador en el papel de un capitán de un avión bombardero en la Segunda Guerra Mundial, y lo logra, vaya si lo logra. Es un juego en el que muchas veces se va a pasar de la máxima tranquilidad al caos absoluto en segundos y donde uno muchas veces deseará tener diez manos para poder manejar todas las situaciones dentro de dicho caos. Consigue que el jugador se implique con sus soldados e intente mantenerlos con vida al mismo tiempo que intenta concluir con éxito la misión — o salir pitando —. Consigue no sentirse tramposo, que después del éxito o el fracaso de una misión, el jugador sienta que dicho éxito o fracaso son responsabilidad suya, y no del azar. Y por esto último, consigue ofrecer esa sensación de gloria bendita después de salir vivo de una refriega donde la muerte era casi inevitable. Y esa sensación es lo que hace tan grande al juego.

 

 


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por Kinetic Atom