Hace unos meses vivimos una pequeña -pero muy agradable- sorpresa cuando Citadelum llegó a PC, un juego de gestión y estrategia que, pese a ser un género que actualmente no se prodiga tanto fuera de las grandes franquicias de siempre, nos recordó por qué nos enganchamos a estos títulos antaño. Ahora, ese mismo juego recibe una nueva vida con su llegada a Nintendo Switch 2, y lo hace de forma muy especia, no solo se trata de un port más, sino de una adaptación cuidada que incluye todo el contenido publicado hasta la fecha, con sus campañas ampliadas y mejoras acumuladas desde su estreno original, y que además lo convierte en el primer juego nativo de un estudio español en la consola de Nintendo, algo que merece ser celebrado por sí mismo.

Citadelum es un juego de gestión con presencia de combate -nos recordará mucho a Caesar-, aunque donde realmente brilla es en lo primero. Está ambientado en la Roma clásica y su campaña principal, titulada “El Auge del Imperio Romano”, se estructura en diez misiones diferentes. A lo largo de ellas nos enfrentaremos a objetivos de dificultad creciente, con encargos que van desde lo más accesible hasta retos bastante más exigentes, siempre con varias tareas que atender de forma simultánea. También contaremos con algunas campañas adicionales más cortas que añaden más horas al título de Abylight Studios. Para quienes prefieran un enfoque más libre, también cuenta con un modo sandbox pensado para disfrutar del juego sin tantas ataduras.

Nos encontramos ante un título de gestión hecho y derecho, con una buena cantidad de opciones y muchas horas por delante. Entre nuestras prioridades estará asegurar la alimentación de los ciudadanos, mantener sus viviendas en condiciones y garantizar una calidad de vida adecuada. Tendremos que apagar incendios, construir acueductos para gestionar el agua, recolectar materiales y levantar nuevos edificios. A todo esto se suman otros factores como el control del crimen dentro del asentamiento o la aparición de enfermedades. Son solo algunos ejemplos de todo lo que propone Citadelum, pero sirven para dejar claro que siempre hay algo que hacer y que el juego no da tregua.

En lo referente a la población, no todos los ciudadanos son iguales. Por un lado tenemos a los plebeyos y, por otro, a los patricios, cada uno con necesidades distintas y hábitos de consumo diferentes. Esto nos obliga a planificar con cuidado si queremos mantener contenta a toda la población. Además, los edificios cuentan con un alcance máximo, algo que afecta directamente a la distribución de servicios. Puede ocurrir que el agua no llegue a ciertas zonas o que los alimentos no se repartan correctamente si el mercado queda demasiado lejos. Es un sistema interesante, porque permite crecer, sí, pero siempre de forma controlada y planificada.

Los edificios cuentan con un sistema de gestión del trabajo bastante efectivo. Los plebeyos ocuparán automáticamente los puestos disponibles para que las tareas básicas se realicen, pero podremos asignar más trabajadores a aquellos edificios que consideremos prioritarios. Para obtener ingresos será necesario construir oficinas de impuestos, encargadas de recaudar dinero de los patricios. Eso sí, si queremos subirles la carga fiscal, antes tendremos que asegurarnos de que estén contentos, con todo lo que eso implica.

Otro de los pilares importantes de Citadelum es la religión. Tendremos la posibilidad de construir templos dedicados a distintos dioses, como Marte, Júpiter o Plutón. Es inevitable señalar que los dioses romanos no dejan de ser versiones de los griegos, aunque en el contexto del juego bromear con esto puede acabar en castigo divino. Las bendiciones y penalizaciones están muy presentes, y tratar de contentar a todos los dioses será complicado, por no decir imposible, así que elegir bien a quién rendimos culto será clave.

Todo lo anterior está muy ligado a un sistema fundamental, los niveles de prestigio. A medida que avanzamos en cada misión y vamos cumpliendo objetivos, se desbloquean nuevos edificios. Esto hace que el aprendizaje sea progresivo y que no nos veamos abrumados desde el principio con decenas de opciones. El juego va dosificando las posibilidades y enseñándonos poco a poco qué necesitamos para avanzar. En la campaña este enfoque funciona muy bien, aunque en el modo sandbox juega un poco en su contra. Habría sido interesante contar con la opción de desbloquearlo todo desde el inicio para poder experimentar libremente sin tener que pasar por cada fase.

Más allá de todo esto, Citadelum todavía guarda algunas sorpresas. Una de las más importantes son las rutas comerciales, a las que accederemos explorando el mapa. Estas rutas son vitales en muchos escenarios, ya que buena parte de los objetivos están directamente relacionados con ellas. La exploración también da paso al otro gran bloque del juego, el combate.

La guerra también tiene su propia capa de gestión. Nuestros soldados necesitan estar bien equipados, lo que implica contar con los edificios adecuados y los recursos necesarios. Aquí entra en juego un tercer tipo de ciudadano, los propios soldados. Tendremos que decidir qué tipo de unidades entrenar, cuántas y cómo organizarlas. Una vez superados los problemas iniciales, llega el momento del enfrentamiento. En Citadelum los combates son automáticos, y nuestra principal tarea consiste en colocar las unidades de forma estratégica. El sistema se apoya en una especie de piedra, papel o tijera camuflado que funciona sorprendentemente bien. Además, podemos decidir si atacamos directamente o si nos mantenemos a la defensiva esperando el primer movimiento del rival.

Visualmente Citadelum cumple con nota en Nintendo Switch 2. Los escenarios son muy atractivos y tienen un estilo que recuerda a una maqueta, lo que hace que construir y ver crecer nuestras ciudades resulte especialmente satisfactorio. Es muy fácil crear asentamientos agradables a la vista, y sorprende lo natural que resulta levantar estructuras como los acueductos. Muchos edificios cuentan además con interiores bien detallados, algo que se agradece al acercar la cámara y fijarnos en los pequeños detalles. A nivel sonoro, tanto la música como los efectos cumplen sobradamente, siendo la primera la que aporta ese tono tranquilo tan característico del género.

Donde sí hay que detenerse un momento es en cómo se juega en Switch 2. Adaptar un juego de estrategia a una consola nunca es trivial, y aquí el estudio ha hecho un trabajo notable. Los controles con mando están bien pensados y funcionan de forma intuitiva, con menús y selección de objetos que responden con naturalidad a las palancas y botones, lo cual no es poca cosa en un género tradicionalmente vinculado al teclado y ratón. Además, esta versión aprovecha la peculiaridad de Switch 2 al incluir modo ratón, que permite usar el Joy‑Con derecho como si fuera un ratón tradicional, algo que facilita muchísimo las acciones más precisas como colocar edificios o navegar por menús complejos. Este modo no sustituye del todo la comodidad de un ratón de PC, pero sí que supone una alternativa convincente que acerca mucho la experiencia a lo que uno esperaría en ordenador.

Citadelum en Switch 2 no solo mantiene la esencia del juego que tanto nos gustó en PC, sino que la adapta con oficio a la consola híbrida de Nintendo. El género de la gestión no es el más habitual en consolas, pero aquí se siente natural y disfrutable, en parte gracias a estos ajustes de control y a que la interfaz responde con soltura a nuestras decisiones. La posibilidad de jugar tanto con mando como con un cursor más tradicional nos ofrece una flexibilidad que, bien usada, convierte a esta versión en una de las formas más completa de disfrutar de la propuesta de Abylight hasta la fecha.

En conclusión, Citadelum es un soplo de aire fresco en Nintendo Switch 2. En un género que necesita reivindicarse, llega para ofrecer su propuesta con una combinación de gestión sólida, combate ligero y una adaptación de controles que sorprende por lo bien resuelta que está dentro de las limitaciones propias de una consola. Su ambientación está muy conseguida, las campañas funcionan y, sobre todo, es un juego divertido y absorbente, y si encima lleva sello español, eso nos sabe aún mejor.