Para aquellos jugadores ya con una edad, resulta tremendamente estimulante ver géneros y propuestas que vimos languidecer y prácticamente desaparecer hace décadas, ahora vueltos a plena actualidad neo-retro. Pues Theropods es otra aventura gráfica tremendamente tradicional en su dirección artística y jugable, que hubiera sido un excelente exponente en la edad dorada del género, y que hoy día agradecemos mucho, por calidad y respeto a sus referentes claros.
El género de las aventuras gráficas, que comenzaría con aquellas aventuras conversacionales donde ‘escribíamos lo que queríamos hacer’, fue una auténtica fiebre, sobre todo afincada en los ordenadores personales. Las consolas tocarían tangencialmente este tipo de aventuras, entendemos en gran medida por la ausencia de teclado y, sobre todo, ratón. Pero eso no impidió que se pudiera disfrutar de una excelente versión del formidable Maniac Mansion en la consola de 8-bits de Nintendo, o el legendario The Secret of Monkey Island, ya en el Mega CD de SEGA. Hace unos años tuvimos el genial Thimbleweed Park, del que enlazo su análisis por el homenaje rápido al género que hizo nuestro desaparecido y añorado compañero Ricardo Oyón.
Theropods parte de una ilusión de hace nada menos que once años ya. Empezando en una ‘game jam’, siguiendo con un kickstarter exitoso, llevando seis años de puro trabajo de dibujado a mano, y logrando en este 2026 una aventura gráfica excelente.

Kostas Skiftas y Sarah Duffield-Harding fundarían el equipo Lost Token para dar forma a esta ilusión. Como dijeron, bien podrían haber ‘empaquetado y lanzado’ esa sencilla versión flash de la jam, ampliada y retocada. Pero quisieron ir más lejos, y el resultado les ha acompañado, para alegría suya y nuestra.
Theropods sería algo así como la película ‘Hace un Millón de Años/One Million Years B.C‘, ese clásico del cine de 1966, con dinosaurios animados por el maestro Ray Harryhausen. De hecho, la protagonista nos recordará a los más mayores a aquella maravillosa Raquel Welch. Sin duda, Lost Token son también admiradores de esta película. Así, nuestra protagonista sin nombre -no hay una gota de texto durante toda la partida, siquiera en la parte de configuración del juego- se encuentra en un mundo precioso, pero también muy hostil. A las luchas trivales se le suma la convivencia muchas veces nada pacífica con los dinosaurios -atentos a la intro, cuando ella es todavía una niña -, y añadimos el componente más exógeno con el team-up que harán ella y un pobre alienígena que se ha estrellado en nuestro planeta.

Si Theropods se presenta de forma muy atractiva, incluso con ‘cutscenes’ pixeladas y trabajadas, se juega de forma también excelente. Como no, el ratón es la principal herramienta de control, es lo suyo, aunque tener una mano en el teclado también viene bien. Pero Theropods huye de las complicaciones, siendo tremendamente accesible para cualquiera. No hay una interfaz compleja, pasamos el ratón por las superficies y cambia de color ante algún elemento interactuable. Por supuesto tenemos un inventario que podemos abrir tocando en la esquina superior izquierda, o pulsando la tecla ‘i’. Y algo tremendamente útil y hasta necesario en las aventuras gráficos de este tipo hoy día: pulsando la tecla ‘h’ se resaltan los puntos interactuables. Ya era sencillo saber qué partes del escenario y personajes permiten interactuar, solo pasando el ratón, sin clickar en ellos, pero ese añadido es algo que hace todavía más sencilla la interacción. Por supuesto, hay todo tipo de elementos no interactuables que igualmente forman parte de la resolución de los rompecabezas de bastantes tramos, y deberemos tener buen ojo con ellos, sus reacciones y comportamientos.
No hay un sistema de comandos y acciones simplificadas, como la moneda de Monkey Island 3, solo interacción a golpe de ‘click’ y el uso inteligente del inventario. Por supuesto, podemos combinar objetos entre sí, y también ‘hablar’ con distintos personajes. Pero la total ausencia de voces reales hace que todo fluya por propio contexto y narrativa visual, pero también sonora. Precisamente la narrativa, sonido y hasta la música están muy bien imbricadas en el gameplay general, frente a aparecer solamente cuando hemos resuelto alguna sección. Quizás sea el gran logro de Therapods, unificar un arte trabajadísimo, una jugabilidad directa y sencilla pero con su puntito de necesario razonamiento, y un apartado sonoro que se acopla maravillosamente a ambos aspectos.

Tal vez el fan más hardcore eche a faltar justamente más complicación y retorcimiento. A título personal, el sistema de comandos ‘scumm’ fue toda una revolución en el género -recordemos que se venía de escribir órdenes de forma directa, el primer Larry era así, y podía ser muy tedioso dar con la orden y manera adecuada de escribirla-, pero el siguiente paso lógico era simplificar la interfaz y ofrecer jugabilidad más directa, como ya sucedía en otros clásicos como Lure of the Temptress, Beneath a Steel Sky o Broken Sword. El nivel de dificultad de Theropods no es alto, pero igualmente nos mesaremos un poco los cabellos ante algunas secciones y puzles. El juego no es muy largo, pero esto siempre depende de cada jugador. Y en estos juegos, más que nunca según como razonemos, exploremos y conectemos las cosas.
Curiosamente no incluye un sistema opcional de pistas, como muchas aventuras gráficas actuales sí hacen ¿Quizás tras algún parche post-lanzamiento? Tampoco es que sea algo imprescindible, el juego permite avanzar con fluidez, no deberíamos tener atascos terribles donde probar todo con todo por pura desesperación. Simplemente, queda esta ausencia como un comentario informativo, no como un defecto real del juego.

El hecho de que un trabajo tan arduo como este venga también con una editora asociada, Dionous Games, nos puede hacer ilusionar con posibles versiones para consolas en un futuro. En Nintendo Switch no debería haber problema, pero en consolas con pads más tradicionales quizás el uso tan extensivo del puntero del ratón exija posibles retoques futuros. De nuevo tirando de las mecánicas clásicas del género, tendremos situaciones que resolver rápidamente, donde el tener una mano en el teclado para usar el inventario, y la otra en el ratón para realizar la acción en el menor tiempo posible, pueden ser más engorrosos jugando con stick. Pero nada en absoluto que no pueda ser susceptible de pequeños retoques inteligentes.
Porque un juego tan bonito y cautivador como Theropods, además del evidente y palpable gran trabajo que lleva detrás, es importante que pueda llegar a cuantos más usuarios mejor. Si finalmente quedaría solo para el mundo del PC, como a muchos buenos juegos les pasa, los requisitos son tremendamente bajos para que prácticamente cualquiera, incluso con un ordenador con bastantes años a sus espaldas de silicio, pueda disfrutar de esta pequeña joya. Ese PC olvidado en un rincón de tu casa, puede darle nuevas alegrías como esta.
