Si creciste como yo a inicios de los 2000, recordarás la moda de los Beyblade, esas peleas con tus amigos y compañeros con el clásico estadio de plástico y la famosa cuenta atrás: «3, 2, 1… ¡Let it rip! / ¡Adelante!». Si es así, quédate porque este análisis te encantará, ya que hoy hablamos de Slayblade, un indie de Henry’s House, mismo creador que Kardboard King, que nos recordará a aquellas peleas de peonzas del recreo.

Entrando en detalles, el juego se basa en la jugabilidad y no hace mucho hincapié en la historia, aunque nos pone en situación. El juego se divide en 17 capítulos y nos habla sobre nuestro protagonista, quien busca a su padre desaparecido. Para encontrarlo, debe seguir las pistas relacionadas directamente con su desaparición y con el famoso gran torneo de Slayblade, donde deberemos ser los mejores y descubrir el paradero de nuestro padre. La historia no es su fuerte y se centra principalmente en la jugabilidad, aunque sirve como excusa para avanzar por los diferentes escenarios y enfrentarnos a nuevos rivales.

Lo cierto es que el juego está pensado principalmente para jugar con teclado, ya que intenté jugarlo con mando y la experiencia no resulta igual de cómoda. Sin embargo, el juego puede jugarse también utilizando únicamente el ratón, porque es un título donde nos moveremos por un mapa que recuerda a un clásico barrio japonés, Nihonmachi, y en las peleas únicamente debemos balancearnos moviendo el ratón y pulsando el botón izquierdo de vez en cuando para activar habilidades. Por suerte, el combate se hace interesante, ya que no siempre tendremos la misma pista: esta irá cambiando y haciendo que cada combate sea diferente. Al igual que en la serie en la que se inspira, si nos salimos de la pista, estaremos eliminados. Es un sistema sencillo de entender, pero requiere cierta práctica para dominar los movimientos y aprovechar correctamente nuestras habilidades.

La progresión, por otra parte, es muy lineal, a pesar de que estamos ante un roguelite donde deberemos sobrevivir, y caer en la arena de batalla supondrá nuestra muerte en el juego. Se trata de un juego sencillo, con una progresión dividida en tres fases del día: mañana, tarde y noche. El juego transcurre como un juego de mesa, donde solo podremos realizar un determinado número de acciones antes de que cambie de fase. Nuestro objetivo es ganar dinero, por lo que podremos realizar dos tipos de acciones principales que harán avanzar el tiempo. Por un lado tenemos batallas, en las que conseguiremos dinero si logramos ganar a rivales con sus determinados Slayblade, y un minijuego de podar el césped con nuestro Slayblade. Hasta donde sé, solo existe este minijuego y creo que el juego ganaría más si tuviera algunos más, ya que, a pesar de ser original en su planteamiento, el juego cae rápidamente en la monotonía. Además de estas acciones principales, también encontraremos eventos que nos permitirán obtener algo de dinero, subir de nivel o incluso conseguir mejoras pasivas para nuestro Slayblade, además de una tienda. Estas acciones no hacen pasar el tiempo y se pueden realizar siempre y cuando tengamos dinero, ya que la gran mayoría demandarán algún tipo de pago. La gestión de estas acciones añade una pequeña capa estratégica, aunque no llega a ser especialmente profunda.

La gracia del juego reside directamente en la personalización. El juego cuenta con más de 60 piezas para equipar nuestro Slayblade, cada una con habilidades diferentes. Podremos cambiar la cabeza, el cuerpo y la punta de nuestro Slayblade. La gracia está en crear una peonza equilibrada, ya que el peso influirá bastante y puede ser determinante para ganar una batalla. Aunque esto nos costará dinero, por suerte tenemos varios días antes de que empiece el campeonato y podremos mejorar, y si no nos convence lo que hay en la tienda, tenemos un gachapon donde podremos conseguir piezas aleatorias. Si caemos en batalla, podremos desbloquear nuevas piezas para futuras partidas, de ahí que sea importante subir de nivel. Además, esto también influye en la vida, ya que nuestro Slayblade podrá tener más salud a medida que nosotros vayamos avanzando y subiendo de nivel. Experimentar con las distintas combinaciones es una de las partes más entretenidas, sobre todo cuando encontramos una configuración que funciona especialmente bien con nuestro estilo de juego.

En el apartado visual, el juego cumple con un estilo muy lo-fi, como los anteriores juegos de su creador, creando una atmósfera relajante. El barrio está bien representado, con un ligero aire noventero, y es más, hasta hay un filtro CRT, aunque no es nada recomendable. El juego permite también activar opciones de accesibilidad que nos permiten ver la vida de los Slayblade rivales por si se nos complica la cosa. Aunque la gracia, como digo, es la de crear peonzas únicas, y esto podemos apreciarlo en que hay una cantidad exagerada de skins y referencias que harán nuestra peonza la más molona, además de la más peleona. El diseño sencillo encaja bastante bien con la propuesta y ayuda a transmitir esa sensación de estar ante un juguete antiguo llevado a un videojuego.

En cuanto al sonido, la base la ha creado Yoppi, quien ya puso la banda sonora a su anterior juego, Nanomon: Virtual Pet. La banda sonora para el juego se ha visto principalmente influenciada por el hip hop lo-fi, con ligeros toques electrónicos para los duelos en plena calle y los paseos por el barrio. Es una banda sonora que acompaña bien a la propuesta y contribuye a crear esa atmósfera tranquila que contrasta con los momentos más intensos de los combates.

En definitiva, Slayblade no es un juego revolucionario, pero su jugabilidad es divertida y es un roguelite diferente que nos entretendrá durante un buen tiempo, en parte gracias a su gran rejugabilidad. El juego tiene errores puntuales y una interfaz sobrecargada que todavía necesita pulirse, pero no por ello es una mala experiencia. Su mayor problema es que puede hacerse algo repetitivo si jugamos durante demasiado tiempo seguido, especialmente por la limitada variedad de actividades fuera de los combates. Aun así, la posibilidad de personalizar nuestro Slayblade y probar diferentes combinaciones de piezas consigue mantener el interés durante bastantes partidas. Si eres fan de los juguetes de Hasbro, seguro que te gustará.