Los juegos de gestión no son terreno fácil. Desde mi punto de vista, es muy difícil hacer uno que esté a la alturas de las expectativas. Los clásicos sobrevuelan el género y los jugadores más tradicionales no se dejan enamorar por cualquiera. Pero Timberborn no es cualquiera, y lo lleva demostrando año tras año. Unos castores son los protagonistas de este show, y creedme que van a dar mucha guerra.
Timberborn es un juego de gestión y supervivencia. Manejamos a un grupo de castores que, tras una hecatombe, deciden buscar un nuevo hogar para intentar sobrevivir. Dependiendo de la dificultad en la que juguemos, el género de Timberborn cambia. Si jugamos en fácil, buscaremos afianzar la felicidad de nuestros castores, siendo un juego de gestión. Por otro lado, si jugamos en normal o en difícil será un juego de supervivencia puro y duro. Hay para todos los gustos.
Yo he jugado en normal y creo que es como el juego tiene que ser jugado, al menos en una primera partida. Timberborn no tiene historia, ni grandes misiones, ni nada por el estilo. Se trata de un juego directo: empieza una partida y sobrevive todo cuanto puedas. Esto de primeras puede que eche a un montón de jugadores para atrás, pero hay que entender que Timberborn se nutre y basa de juegos de gestión antiguos. Además, y siendo verdad que este juego no hace un montón de cosas, es excelente en aquellas que sí hace.

El juego nos suelta en el mapa que hayamos elegido y tendremos que usar un breve pero intenso tutorial para saber que tenemos que hacer. De primeras diré que el tutorial es bastante efectivo, pero que se queda muy corto para varios asuntos que el juego nos ofrece. Hay ciertas cosas que no he tenido el gusto de probar simplemente porque no se como funcionan, y creo que un tutorial más extendido sería muy beneficioso, sobre todo para un juego tan profundo como es Timberborn.
Lo primero es lo primero, hacer que nuestros castores tengan comida y agua abundante para poder sobrevivir. En este aspecto no es diferente a otros juegos del género; plantamos nuestras semillas, recogemos el agua y construimos casas. Lo primero que nos llamará la atención será lo detallista de algunas cosas. Por ejemplo, nuestro principal material será la madera -somos castores, es ley de vida- y podremos plantar diferentes árboles, cada uno con su capacidad de aguantar la sequía y con diferentes cantidades de madera que podremos sacar de ellos. Se trata de un juego muy profundo en algunas de sus mecánicas, y lo iremos comprobando durante el análisis.
Una vez nuestras necesidades básicas estén cubiertas, empezaremos a intentar mejorar la vida de nuestros peludos amigos. Construiremos ciertos edificios que mejorarán el bienestar de los castores, y mejores casas y demás. Tendremos que empezar a prepararnos para la primera sequía, que nos dejará con muchas plantaciones muertas y vaciará nuestras reservas de agua. Este es el momento clave del juego, y el resto de tiempo tendremos que intentar prepararnos. En dificultades altas, cada sequía es más peligrosa que la anterior.

Poco después de las primera sequía veremos que muchos edificios están bloqueados y entraremos en contacto con una de las mecánicas básicas: la investigación. Tendremos que hacer edificios que producen ciencia, para poder ir desbloqueando nuevas construcciones. Aquí es donde se ve que el juego tiene una velocidad reducida, ya que se genera poca ciencia por minuto. Deberemos ser pacientes para ir viendo poco a poco todo lo que Timberborn nos puede ofrecer.
Una de las cosas que me ha gustado es la habilidad de poder construir en vertical. Cuando empezamos a hacer edificios complejos, que requieren de energía y que ocupan cada vez más, será necesario poder construir muchas de las infraestructuras de forma vertical. De hecho, algunas, incluso varias muy simples, están bloqueadas por la ciencia y creo que deberían estar disponibles. Otra de las mecánicas que parecen más avanzadas es la automatización, pero no he podido más que mirarlo por encima; parece complicado y desde luego que no es para el jugador medio, va más allá de eso.
Otra novedad jugable es una muy obvia siendo nuestro amigos peludos castores. Para poder acceder a nuevas zonas y poder moldear todo a nuestro gusto, tenemos una herramienta que es muy rara en estos juegos: poder modificar el entorno. Podremos construir presas y hacer que el curso del río cambie, y poder regar nuestras plantas sin preocupaciones. Tampoco he profundizado mucho en este apartado, ya que parece preparado para mapas más complejos que el que estaba jugando yo. Sin embargo, lo poco que he investigado me pareció interesante.

Visualmente y musicalmente, Timberborn es un juego completamente refinado. En lo referente a lo primero, el aspecto gráfico tiene una gran factura. Cada árbol tiene una textura, cada animación está bien puesta y los mapas tienen mucho encanto. Además, podemos hacer mucho zoom con la cámara, algo que para mi es un must en los juegos de estrategia; me gusta ver a mis bichitos hacer cosas, soy así de simple. La música es también muy buena y acompañará los momentos con sonidos tribales muy interesantes.
En conclusión, Timberborn es el juego de gestión y supervivencia. No es un juego para todo el mundo, pero aquellos a los que les guste, quedarán encantados. Se trata de un juego profundo pero sin intimidar, con una buena cantidad de contenido y que trata al jugador con respeto. Se me ocurren pocos juegos mejores que ofrezcan esa nostalgia jugable pero adaptada a los tiempos de hoy en día. Ojala tuviera un tutorial más extenso para poder jugarlo sin depender de otros medios.
