Durante las décadas de los 80 y los 90 fuimos testigos del nacimiento de varias sagas icónicas para el mundo de los videojuegos, así como del asentamiento de varios elementos que veríamos reutilizarse en años venideros. Pero como tantas otras cosas en esta vida, nada dura para siempre y ciertas entregas y mecánicas verían su desaparición de forma paulatina en la primera fila del ocio electrónico. Sin embargo, desde hace unos años, los desarrolladores independientes han dedicado una parte importante de sus esfuerzos a resucitar de sus propias cenizas a aquellos videojuegos que les alimentaron en su juventud. The Messenger, de Sabotage Studios bajo el sello de la incombustible Devolver Digital, es un título que nace bajo esta misma premisa, una especie de homenaje a los plataformas que nacieron en la tercera generación de consolas domésticas o en los salones de recreativas.

El inicio del camino

La pluma es más fuerte que la espada

Antes de entrar de lleno en el puro análisis jugable, voy a hablar del que para mí ha sido con diferencia el elemento diferenciador en The Messenger respecto a las docenas de títulos de corte similar. Su terriblemente bien desarrollado ingenio y sentido del humor.

The Messenger es un título en el que sus desarrolladores saben perfectamente lo que están haciendo. Saben qué elementos están reutilizando, saben qué diseños están haciendo. No se les ha escapado nada. Por ello, todo se ha envuelto en un guión fantástico. No es la historia más intrigante, no es la aventura más espectacular, y desde luego no es el drama más lacrimógeno. The Messenger es una historia absurda, con unos diálogos divertidos, muy divertidos, que os recordaran a las películas de Monty Python o a las aventuras gráficas de Lucasarts.

Desde Sabotage no han querido tomarse en serio una historia que se ha contado miles de veces, y con ello han logrado que el conjunto salga ganando una barbaridad. Diálogos, personajes, situaciones… No dejan de ser elementos que ya has visto, pero que gracias sentido del humor consiguen ser frescas y sumamente divertidas.

En resumen, la trama en The Messenger nos la cuenta el mismo título. Somos un ninja en la última aldea de la humanidad, que se convierte en un mensajero con el fin de llevar un pergamino a la montaña más alta al este del mundo y cumplir una profecía. Ya veis, no deja de ser el mismo viaje de Frodo y otros tantos héroes de la cultura popular. Es la comedia lo que da verdadero picante a la parte escrita de este videojuego.

Pase lo que pase, no abras el armario. O sí. No soy vuestro padre.

El eje de The Messenger.

Pero hemos dicho que The Messenger es un título que nace del homenaje al plataformas de consolas como la Nintendo Entertainment System o su sucesora. Con esto quiero decir que no descuida para nada el puro aspecto jugable. El título de Sabotage gira en torno a una mecánica muy simple, cada vez que atacamos con éxito, ya sea a enemigos o a obstáculos, ganamos la posibilidad de realizar un salto adicional.

Esto, que parece tan simple, junto a la aparición de ciertos objetos como un gancho o un traje para planear, dan lugar a una de las mejores curvas de dificultad que puedo recordar. Los enemigos quizá podrían aumentar su reto, pero en el puro diseño de plataformas, el juego va añadiendo un punto más de habilidad por cada reto que enfrentamos. Empezaremos retos relativamente sencillos, pero cuando nos encontremos cerca del final, superaremos sin sudar algunas pantallas que podrían abrumarnos de recibirlas sin anestesia.

Este colega nos persigue por las nubes mientras esquivamos sus llamas, vacíos, y algún obstáculo puesto a mala leche.

El regreso a los 8 bits, ¿o son 16?

Uno de los elementos más llamativos del tráiler con el que se presentó The Messenger fue su aspecto 8 bits reminiscente de los Ninja Gaiden originales, que se remataba con un fogonazo y un paso a una estética más cercana a lo que veríamos en los sistemas de 16 bits.

Este cambio no es baladí, y define tanto el argumento del juego, del que no hablaré más, como el diseño de niveles en sí. Estos cambios de 8 a 16 bits y viceversa implican un cambio más allá del gráfico, abriendo puertas o cerrando trampas según el estilo que esté vigente.

Al comienzo de la aventura no podremos cambiar en ningún momento. Citando de nuevo el juego de Ryu Hayabusa, este inicio seguirá un estilo similar a los Ninja Gaiden y otros tantos plataformas de la época. Nuevo nivel, avance, jefe, nivel siguiente de temática distinta y repetir. Sin embargo, cuando se nos otorga la capacidad de cambiar, implica un cambio mayor en la estructura del juego, pasando a moverse entre los llamados metroidvanias, pudiendo movernos por los niveles ya conocidos, descubrir algunos nuevos, y ver que tienen que ofrecer los diversos NPCs que conocemos durante la aventura.

En este cambio de paradigma es cuando encontramos ciertas características que podrían estar algo más pulidas. El diseño global del mapa no está pensado para la estructura metroidvania. Lugares apartados que requieren sí o sí atravesar algunas de las pantallas más complicadas, distancias muy grandes entre los puntos de teletransporte, una menor cantidad de jefes que antes de abrirse… Es decir, como plataformas puro es un juego excelente, pero una vez se abre, no termina de tener una razón de peso para ser así salvo, de nuevo, las hilarantes conversaciones con otros personajes.

Tanto los 8 como los 16 bits le sientan genial. ¿A que mola el sombrero?

Conclusiones

The Messenger es un título excelso. Tiene un control delicioso, preciso, y dinámico. El diseño de cada pantalla ofrece un desafío en aumento (sin llegar a ser tan puñetero como el principal juego en el que se inspira en ningún momento) muy satisfactorio. Tiene carisma para regalar. En fin, es un juego que en las cerca de 10 horas que me ha durado para completar todo, incluido recoger los 45 sellos de poder, me ha ofrecido entretenimiento puro sin descanso.

Hay flecos, como la distancia entre portales y la falta de jefes en la segunda mitad, pero son nimiedades comparadas al conjunto global del título. Simplemente he sentido que debería ser el siguiente “indie” estrella que apareciera en todas partes, como hiciera Shovel Knight hace un par de años.

 

 


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por PopAgenda