La cultura japonesa es una de las más fascinantes respecto a monstruos, entes y espíritus que nos podemos encontrar, todos hemos escuchado los terminos Yōkai, Yūrei, o Yōma, por ejemplo. En Yomawari: The Long Night Collection nos los vamos a encontrar todos juntos y en cantidades muy generosas. Este recopilatorio o collection que publica NIS América y desarrolla Nippon Ichi, recoge dos juegos bastante similares, Yomawari: Night Alone de 2015, lanzado originariamente para PlayStation Vita, y Yomawari: Midnight Shadows de 2017 lanzado originariamente para PlayStation Vita, PlayStation 4, y PC Windows. Ahora este recopilatorio nos llega a Nintendo Switch y promete traernos estos dos survival horrors con unas mecánicas simples pero efectivas y el mejor terror del folclore japonés. Pronto aprenderemos que un paseo nocturno o Yomawari no es la mejor de las opciones en este pueblo japonés.

 

Sola en la noche

En Yomawari: Night Alone encarnaremos a una niña con lazo rojo y mochila de conejo, un estereotipo de niña o chica joven japonesa, que aquí nos deja claro desde el comienzo que vamos a estar prácticamente indefensos ante lo que suceda a nuestro personaje a lo largo del juego. Veremos a esta niña salir de noche a pasear a su perro Poro, y enfrentarse a una situación bastante sorprendente para el jugador, donde acabaremos volviendo a casa solos, sin Poro. Allí, al encontrarnos a nuestra hermana mayor, no sabremos dar una explicación clara de lo sucedido, y esta saldrá a buscar a nuestra mascota, convencida de que simplemente se ha escapado- Empieza nuestra pesadilla.

 

 

Con el paso de las horas, y viendo que nuestra hermana no regresa, nos armaremos de valor y saldremos a buscarla a ella y a Poro. Enseguida nos daremos cuenta que la noche es oscura y alberga horrores, nuestro pueblo es totalmente distinto a como es por el día. Es oscuro y siniestro, sin ruido, sin gente y casi sin luz, todo lleno de oscuridad y sombras donde albergan estos espíritus malignos, fantasmas y otros entes con los cuales un encuentro puede resultar mortal.

Como hemos dicho todo estará oscuro, y muchos de esos fantasmas serán imperceptibles si no contamos con una fuente de luz. La única fuente de luz es una linterna que encontramos, la misma que llevaba nuestra hermana cuando salió. Mientras exploramos el pueblo, nos vamos encontrando algunos objetos y varios de estos espíritus y fantasmas, que se encuentran al acecho en varios lugares, como calles a oscuras y lúgubres esquinas o incluso debajo de la tapa de una alcantarilla. Algunas veces atacarán nada más vernos, otras nada más oírnos. En ocasiones seguirán un patrón o rutina y no nos molestarán si no nos acercamos demasiado, y otras veces serán inofensivos y solo servirán para causarnos más tensión.

Cuando un espíritu está cerca, los latidos del corazón de nuestra niña aumentarán, y esto hará que la barra de resistencia se reduzca más rápido. Como la niña no puede pelear, tendremos que encontrar maneras de evadirnos de los espíritus, por ejemplo, huyendo, escondiéndonos en matorrales o farolas, o usando un objeto para distraerles. Dado que cada espíritu o fantasma  tiene sus propias características, el mejor método de escapar de ellos difiere de unos a otros, y la variedad de estos es elevada. Esta barra de resistencia que hemos mencionado antes es la herramienta que tendremos a nuestra disposición, pues ella marcará cuánto podemos correr y se irá vaciando cuando corramos, rellenándose automáticamente cuando paremos o andemos. A su vez, la velocidad a la que esta barra se vacía dependerá de lo asustada que esté nuestra niña. Si está esta muy asustada, la barra se vaciará muy rápido y quedaremos a merced del ente. A veces nos salvará que el ente sea lento, pero otras, si no nos escondemos, acabaremos muertos sin contemplaciones.

Bajo esta premisa jugable, deberemos avanzar por el pueblo siguiendo las pistas de lo que parece ser Poro, y para ir accediendo a nuevas áreas, tendremos que encontrar caminos, dar rodeos o encontrar llaves, al más puro estilo Resident Evil. Siempre tendremos viaje rápido a nuestra casa donde podremos guardar la partida, aunque eso nos mande bastante lejos de donde estemos en ese momento. Para evitar estos viajes, existen unas estatuas Jizo, donde ofreciendo una moneda, nos servirán de punto de guardado temporal desde el que resucitaremos si nos matan. No abundan, pero también sirven de teletransporte entre estatuas que ya hayamos descubierto.

En el apartado técnico hay que destacar su arte, preciosista y lleno de detalles, pero también sobrecogedor y capaz de transmitir tristeza, angustia y miedo. Sobre todo miedo a lo que no vemos, a lo que nos acecha desde la oscuridad, y a lo que no nos podemos defender. En el apartado sonoro hay que destacar los efectos FX, los llantos, gritos, alaridos, golpes y toda una serie de efectos para atemorizarnos en el silencio de la noche, con especial mención para el latido de nuestro corazón, que irá aumentando a medida que tengamos más miedo, y disminuyendo conforme nos sintamos más seguros.

Las sombras de medianoche

Tras la crítica positiva de Night Alone, tenemos una segunda aventura muy similar y continuista, Midnight Shadows, pero esta vez con una nueva mecánica dual. Ahora manejaremos dos niñas en lugar de una, y el pueblo será más grande e incluirá interiores.

Después de ir juntas a un festival de fuegos artificiales a finales de verano durante la noche, en las montañas cercanas a nuestro pueblo, nuestras niñas Yui y Haru, con lazo y mochila de conejito para no perder la costumbre, se pierden y separan cuando van camino a casa al ser sorprendidas y asustadas por un fenómeno paranormal. Armándose de coraje, las dos niñas tendrán que explorar su siniestro pueblo nocturno que como bien sabremos, está lleno de espíritus hostiles, entes malvados y fantasmas sedientos de sangre.

Midnight Shadows es demasiado semejante a su antecesor, Night Alone, incluso recicla mecánicas, assets y gráficos, hasta el punto de que podrían pasar por una expansión del primer juego. La jugabilidad es la misma que la entrega anterior, bastante sencilla, con ciertos objetos que recoger y la barra de resistencia y el miedo de las chicas como mecánicas jugables para escapar de los espíritus hostiles. En esta ocasión manejaremos a las dos niñas de manera intercalada, cada uno con sus pros y sus contras. Por ejemplo, Yui no tiene ni inventario ni mapa. Además, lo que vayamos viviendo con una, incidirá en la historia de la otra. Nuestra misión consistirá en que las niñas se encuentren, porque la oscuridad no es un lugar para estar solos.

Volveremos a tener la oportunidad de recoger objetos, como piedras u hojas de cuaderno, que podremos usar para distraer a los entes que se crucen en nuestro camino como en la entrega anterior. Volverán las estatuas Jizo para usarlas como puntos de control temporales, mecánica similar a la del primer juego. Lo que sí es una novedad es que podremos conseguir items que potenciarán nuestras capacidades, como resistencia extra, menor velocidad de perdida de resistencia, o inventario de mayor tamaño, que nos será realmente útil para afrontar la aventura.

 

En el apartado técnico de Midnight Shadows no podemos sino que repetirnos. Un apartado artístico bello, una recreación muy adecuada de todo el elenco de entes del folclore japonés, un pueblo lleno de detalles -ahora con interiores para explorar incluidos- y un tipo de dibujo que transmite muy bien las sensaciones. Ya no sentiremos solo terror y tristeza, sino también soledad. Verlo es una maravilla, sobre todo en un juego tan parco en historia contada. Su fuerza reside en lo audiovisual, y ahí ambos Yomawari han estado de sobresaliente.

En el sonido no hay nada que añadir, lo que antes era sobresaliente, sigue siéndolo, Nippon Ichi lo tuvo demasiado fácil aquí.

La noche es larga

Después de haber buceado por las dos obras que componen este Collection que nos ocupa para Nintendo Switch, podemos decir sin riesgo a equivocarnos que la híbrida de Nintendo recibe dos de los mejores survival horrors de los últimos años, algo loable siendo Nippon Ichi una compañía encasillada en los juegos tipo nicho, que al fin de cuentas en donde se englobarían estos dos títulos y el Collection, aunque merece la pena ser disfrutado por cuanta más gente mejor.

Un apartado técnico de belleza singular y mucha expresividad, que sabe transmitir soledad y desasosiego, y un apartado sonoro que se carga sobre los hombros la responsabilidad de hacernos sufrir con cada ruido, gemido, o grito en la noche. Todo combinado y con la capacidad de dar sustos y sobresaltos, conforman una experiencia que realmente debemos de disfrutar, sobre todo si el survival horror es un género que nos apasiona.

Esperamos que el juego tenga un buen desempeño comercial dentro de sus limitadas posibilidades y que Nippon Ichi se plantee la continuidad de esta obra, Yomawari. Aunque para una futurible tercera entrega, sí que sería deseable una mayor evolución jugable. Audiovisualmente no haría ni falta, ya está perfecto.

Como pequeño punto negativo hubiera sido interesante que se hubiera incluido algún extra del estilo de galerías de artes de ambos juegos, un museo, o alguna interacción entre entregas, ya que nos encontramos un menú con las dos entregas para elegir y nada más. No es que fuera necesario, pero hubiera sido un buen detalle. De todas formas esto es más un deseo nuestro que algo a tener en cuenta. Yomawari: The Long Night Collection es una compra totalmente recomendada, y si nos gusta el género, con más motivo todavía, no nos decepcionará.


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por NIS America