Si hay un género de videojuegos que durante los últimos años ha demostrado una capacidad casi ilimitada para absorber mecánicas nuevas, ese es el roguelike. Desde que Slay the Spire popularizó la fusión con el deckbuilding y Balatro demostró que el póker podía ser un problema aún sin apuestas reales, el camino quedó trazado para que cualquier sistema de reglas con suficiente profundidad pudiera ser el siguiente candidato. Gambonanza llega con una pregunta directa: ¿por qué no el ajedrez?
Gambonanza ha sido desarrollado por Paul Giovannini, desarrollador en solitario bajo el estudio Blukulélé. Su lanzamiento está previsto para hoy, 1 de mayo de 2026, para PC y dispositivos móviles, sin confirmación por el momento para consolas.

La idea central de Gambonanza es aparentemente sencilla partiendo de las mecánicas establecidas del ajedrez. No obstante, no consiste en capturar al rey, sino en capturar todas las piezas enemigas del tablero. Además, las piezas no se reponen al comienzo de cada ronda, sino que las conservas entre rondas y si capturan una de ellas, espero que no le hayas cogido cariño. Este cambio de objetivo transforma la lógica del juego, ya no tienes que ir a por el rey sacrificando piezas, tienes que intentar destruir las piezas enemigas más valiosas evitando que destruyan las tuyas. Otra mecánica original distinta al ajedrez tradicional es que podemos esperar, es decir, pasar el turno sin hacer ninguna acción. Eso sí, está limitado a tres veces por ronda, así que tendremos que reservarlo para cuando no nos convenga hacer ningún movimiento.
A esto lo anterior, Gambonanza le suma otra restricción: cada vez que hagas un movimiento en el que no captures una pieza enemiga, avanzará el marcador hacia el modo «crumble». Una vez en ese modo, casillas aleatorias del tablero irán desmoronándose, llevándose consigo las piezas que tuvieran encima. Además, el movimiento queda restringido por estos huecos, ya que las piezas no pueden saltarlos. Esta mecánica nos obliga a jugar de manera agresiva, sin desperdiciar movimientos. El tablero durante las primeras rondas es de menor tamaño que el estándar 8×8 y lo largo del juego se irá ampliando. Igualmente, el principio de cada partida las piezas enemigas suelen ser unos pocos peones y poco a poco, van aumentando tanto en número como en valor. En algunos casos llegarán a tener habilidades especiales que nos complicarán aún más la partida.

Por si fuera poco, el juego está dividido en cinco fases dentro de las cuáles hay cinco niveles y al final de cada una de estas fases, encontraremos un jefe final. Cada uno de ellos representa a un maestro de ajedrez como Magnus Carlsen o Judit Polgár. Los jefes representan un desafío adicional, ya que añaden restricciones y necesitaremos cambiar nuestra estrategia para salir victoriosos. Por ejemplo, uno de los jefes tiene dos máscaras, blanca y negra, si capturamos una pieza en las baldosas de la máscara que lleva puesta, nuestra pieza caerá al vacío, por lo que tendremos que evitarlo a toda costa.
A cambio, para contrarrestar todas esas dificultades, contaremos con los gambitos -similares o reliquias/jokers-. Son mejoras pasivas que cambiarán nuestra forma de jugar. Algunas generarán economía para poder comprar piezas o mejorar el tablero, otras cambiarán el movimiento de ciertas piezas o nos habilitarán sinergias locas. Entre mis favoritos hay un gambito que si con un alfil capturas una pieza en una casilla blanca, obtienes otro turno extra, pudiendo limpiar buena parte de las piezas desde el comienzo de la partida dependiendo de su posicionamiento. Lamentablemente solo tenemos cinco huecos para estos gambitos y no se pueden ampliar, así que tendremos una restricción constante en la que deberemos elegir qué gambitos serán los mejores en cada momento para alzarnos con la victoria.

Dado que nuestro espacio en la mesa para piezas es limitado; comenzando con tres huecos y pudiendo ampliarse pagando en las tiendas entre rondas, disponemos de una reserva, también limitada en espacio, donde acumular piezas por si alguna de las nuestras fuera capturada. Este despliegue puede tener valores estratégicos, sacando de la manga piezas que así evitan que capturen piezas de mayor valor o posibilitando capturas en turnos siguientes.
Pero Gambonanza no se limita solo a añadir reglas sobre las piezas; también convierte el propio tablero en un elemento estratégico. Podemos mejorar las casillas del tablero con efectos como atrapar enemigos, convertir piezas en doradas o evitar durante un turno que puedan ser capturadas. Este sistema de mejoras de casillas añade una mayor complejidad a un juego que de por si ya tiene capas de base. Por tanto, tendremos que adecuar el tablero de forma que las casillas con mayor recurrencia, tengan o bien mejoras para nuestras piezas o perjuicios para las piezas rivales.

Si sales victorioso de una partida, desbloquearás dificultades cada vez más complicadas, igual que los chips de Balatro o las ascensiones de Slay. Cada una de esas dificultades podrán más palos en las ruedas como comenzar con menos piezas, aumentar los precios de la tienda o empezar a jugar en segundo lugar -negras-.
Gambonanza cuenta con un estilo visual sencillo con un pixel art pasado por un filtro CRT. Acompañando sus gráficos encontramos una banda sonora suave pero pegadiza que ayudará a engancharnos al bucle jugable. La interfaz es clara y es sencillo saber que está pasando en todo momento.
Buena parte del tiempo de juego de este análisis ha sido en Steam Deck y aunque el juego responde correctamente, sí que hemos encontrado algún pequeño problema de usabilidad que puede ser mejorado durante los primeros parches tras el lanzamiento.
