Este análisis ha sido realizado en Nintendo Switch 2 mediante una copia cedida por PLAION

Que Resident Evil Village Gold Edition llegase a Nintendo Switch 2 era algo inevitable. No solo por la política multiplataforma de Capcom de estos últimos tiempos, sino porque además, en cierto modo, este título ya estaba en Nintendo Switch mediante la versión Cloud. Ademas Village llega a la vez que Resident Evil 7 y Resident Evil Requiem. Es como si de pronto la saga entera se hubiera dado cita en esta consola, a falta que los remakes de Resident Evil 2, Resident Evil 3 y Resident Evil 4 acaben haciendo lo propio, cosa que no dudamos.

Desde el primer momento en que Ethan Winters -protagonista de Resident Evil 7– vuelve a nuestras manos, la sensación es la misma que hace años: estamos ante un juego que no nos dejará indiferentes. La historia nos sitúa de nuevo con él, años después de los acontecimientos que lo marcaron, ahora envuelto en una nueva pesadilla que nos arrastra a un pueblo remoto en Rumanía, rodeado de elementos grotescos, personajes inquietantes y una ambientación que no nos suelta hasta mucho después de los créditos. Village es capaz de sostener ese pulso constante entre el misterio y el terror, y aunque muchos elementos narrativos se tejen dentro de una estructura conocida por los seguidores de la saga, lo hace con una personalidad propia que hace que todo se sienta nuevo y a la vez aterrador.

La Gold Edition que nos llega no es solo el juego base, incluye todo lo que Capcom añadió con el paso de los meses, desde el modo en tercera persona hasta los contenidos adicionales de Mercenarios, con órdenes especiales que nos animan a rejugar escenarios de maneras distintas. Además, el capítulo Shadows of Rose ofrece una perspectiva diferente que funciona casi como epílogo a la historia de los Winters, dándole un sentido más amplio al arco argumental principal. Con todo el contenido disponible nos esperan muchas horas de diversión y terror garantizadas.

En cuanto a gameplay, la mezcla de exploración, combate, gestión de recursos y resolución de puzles se mantiene tan sólida como siempre. Village encuentra un equilibrio elegante entre la sensación de desamparo inicial y la progresiva adquisición de armas y habilidades que nos permiten plantar cara a horrores que, de primeras, nos habrían derrotado sin pestañear. Esa progresión, junto con la variedad de zonas -el pueblo, el castillo, las zonas abiertas o los pasillos cerrados llenos de enemigos y trampas- crea un ritmo que rara vez se siente monótono. Y cuando lo hace, casi siempre es porque el juego quiere que respires antes de lanzarte a algo nuevo.

Pasando al apartado técnico, aquí es donde está el mayor salto con respecto a lo que conocíamos de la saga en Nintendo. Switch 2, al contrario de lo que ocurría con su predecesora, tiene la potencia suficiente como para mover este juego de forma nativa, sin depender de streaming o soluciones híbridas. Y eso se nota, en modo televisor, Village luce nítido, con algunos compromisos necesarios pero lógicos. La iluminación y los efectos de ambiente funcionan muy bien, y aunque no alcanza la fidelidad visual de las versiones de PlayStation 5 o Xbox Series X, está lejos de sentirse recortado de forma grosera.

El rendimiento es sólido en general, aunque no siempre alcanza el objetivo de 60 fotogramas por segundo de forma estable en todas las situaciones. En exteriores amplios o zonas con mucha carga de detalle visual, notamos bajas ocasionales que lo sitúan alrededor de los 45‑50 fps. Esto no rompe la experiencia ni hace que el juego resulte injugable, pero sí es algo que percibimos con claridad cuando venimos de otras versiones más potentes. En modo portátil, esos altibajos se disimulan bastante, la pantalla más pequeña y la conexión directa con los mandos hacen que la experiencia se sienta más fluida y envolvente, incluso cuando el rendimiento no es exactamente “de consola de sobremesa”.

Lo que sí nos encanta es que, incluso con estos pequeños compromisos técnicos, la atmósfera del juego se mantiene intacta. La forma en que el sonido, la música ambiental y los efectos se combinan sigue siendo una pieza clave para generar tensión, cada paso, cada crujido y cada susurro son piezas de una maquinaria diseñada para ponernos alerta en todo momento. Esa mezcla de audio y diseño ambiental funciona especialmente bien en portátil, donde los auriculares o incluso los altavoces integrados logran transmitir la sensación de peligro constante.

Jugabilidad y estructura siguen siendo lo que más nos atrae de Village. Ese pueblo central que da nombre al juego se siente casi como un personaje más, un hub lleno de secretos, tiendas donde comerciar, accesos a zonas nuevas y rincones que vale la pena revisitar una y otra vez. El combate en primera persona, directo y visceral, nos obliga a pensar no solo en precisión, sino también en gestión de munición y posición. Y aunque existen tramos más frenéticos y otros más medidos, en conjunto la experiencia nos hace sentir que cada enfrentamiento, cada recoveco explorado y cada puzle resuelto forma parte de un todo perfectamente orquestado.

La inclusión del modo en tercera persona aporta variedad y nos permite ver la acción desde otra perspectiva, algo que apreciamos especialmente cuando lo combinamos con los contenidos de Mercenarios. Ese modo de juego, con sus órdenes adicionales, nos ha motivado a volver a escenarios clásicos con nuevos objetivos, lo que extiende la vida del juego y nos da razones para seguir volviendo incluso después de completar la campaña principal.

Shadows of Rose, por su parte, es una experiencia distinta que cierra varios de los hilos narrativos que acompañan a la familia Winters. No es un capítulo largo por sí mismo, pero sí uno que aporta contexto emocional y una sensación de conclusión bastante satisfactoria. Nos gusta cómo mezcla elementos familiares con nuevos desafíos, y cómo, al final, nos invita a reflexionar sobre todo lo vivido en la campaña principal.

Si miramos el conjunto, Resident Evil Village Gold Edition en Switch 2 no es simplemente un port técnico, es una oportunidad para revivir uno de los títulos modernos más interesantes de la saga en un formato flexible y cómodo. Sí, hay momentos en los que el rendimiento baja un poco de las expectativas más ambiciosas, pero esos altibajos no empañan la esencia de lo que hace a este juego especial. La historia, la jugabilidad, la ambientación y los contenidos extra ofrecen una experiencia completa, intensa y perfectamente disfrutable tanto en modo televisor como en portátil.

Al final, creemos que esta versión merece la pena por lo que ofrece como conjunto. Si eres fan de Resident Evil y tienes una Nintendo Switch 2, aquí tienes Village con todo su contenido, adaptado de forma competente con algunos compromisos técnicos y sin sacrificar lo que más nos importa, esa sensación de estar siempre un paso atrás de algo que acecha en la oscuridad, dispuesto a atraparnos si bajamos la guardia.