Quizá una de las grandes invenciones dentro del mundo de los videojuegos es la idea de los spin offs. Coger tu saga más conocida y, aprovechando su nombre, lanzar un producto secundario que cuente con cierta base de aficionados inicial solo por su relación con la saga madre. Y, por algún motivo que se me escapa, parece que con los JRPG es algo de lo más común. Sagas como Final Fantasy o Dragon Quest han terminado dando lugar a todo tipo de derivados, y otra de las sagas más longevas y míticas del territorio nipón como es la saga Disgaea terminó dando a luz un curioso experimento. La saga de estrategia por turnos de Nippon Ichi Software tiene unos curiosos personajes «desechables», los Prinnies -en singular, Prinny-, una especie de pingüinos guerreros explosivos que nos sirven como unidades menores. A alguna mente pensante -y seguramente inundada en sustancias de dudosa procedencia- en 2008 se le ocurrió lanzar un juego protagonizado por estos pingüinos, para la PSP de Sony, con Prinny, Can I Really Be The Hero?, que tuvo cierto éxito y dio lugar a una secuela. Ahora, y para evitar que este delicioso experimento se pierda en el tiempo, se han traído ambos juegos a Nintendo Switch con Prinny 1•2: Exploded and Reloaded.

Etna, personaje del primer Disgaea, es quien nos envía a explorar los distintos niveles porque alguien… se comió su postre.

Prinny 1•2: Exploded and Reloaded siguen un esquema bastante retro y clásico. Son plataformas de acción al más puro estilo Mega Man, donde elegimos diferentes niveles en el orden que queramos para ir superándolos y poder enfrentarnos a niveles finales. No tiene mucho misterio más allá… salvo por el indicador de vidas. ¿Una? ¿Tres? ¿Diez? No, nada tan tradicional… Prinny 1•2: Exploded and Reloaded nos pone 1000 vidas desde el principio, en un movimiento para presumir, sin más. ¿Queréis vidas? Tomad, mil, usadlas bien porque vais a ver bajar el contador MUY rápido. Esa es la mentalidad detrás de estos juegos y la verdad es que es terriblemente adictiva.

Cada nivel mezcla enemigos, trampas, y saltos, de maneras a veces retorcidas -sobre todo debido a que el salto no es lo más preciso del mundo-, y nuestros mil pingüinos son bastante frágiles, apenas tres toques para explotar. Por suerte son unos hachas manejando las cuchillas y son bastante letales. El juego en sí no tiene mucho más de lo que hablar. Un sentido del humor heredado de los Disgaea, bestiario también heredero de los mismos, algunos cameos de dicha saga, unos niveles variados… Lo más destacable quizá sería el hecho de que el orden de los escenarios importa, y es que según el momento del día dentro del juego, unos niveles serán más complicados que otros, y a lo mejor nos interesa más jugar el nivel que está de día que los que están de noche para poder ahorrar unas cuantas vidas. Son juegos muy buenos, muy divertidos, y dentro de su clasicismo en su planteamiento, son bastante únicos, haciendo gala de una dificultad elevada antes de que se pusiera de moda presumir de lo difícil que es tu juego.

En el tutorial tenemos vidas infinitas, pero luego…

Pero ahora estamos en 2020, y Nintendo Switch es una consola con una pantalla en alta definición, que además se puede conectar a la televisión, y con esto en mente… el port que se ha realizado de estos juegos es meramente funcional. Y para mí, eso no basta. Es decir, los juegos funcionan, se manejan bien, se pueden jugar y para el que venga de nuevas es un juego que personalmente llevo recomendando desde hace una década cuando descubrí el primero en PSP de casualidad. Pero traer estos juegos a una consola HD requería más trabajo del que se ha hecho en Prinny 1•2: Exploded and Reloaded.

Todas las capturas son de Nintendo Switch y sinceramente, me parece decepcionante que no hayan repasado los sprites para que al menos tengan vida.

Me explico. Los Prinny están formados a nivel gráfico de dos tipos de objetos. Escenarios con modelados 3D de fondo o como plataformas diversas a lo largo del nivel, y elementos móviles tales como nuestro personaje, los enemigos, o los coleccionables que son sprites en dos dimensiones tradicionales. Esto en su día resultaba bastante simpático a la vista y en la pantalla de una PSP -o de una Vita- era vistoso. Sin embargo al traerlo a Switch… ya no tanto. Los escenarios en sí se ven bien. Definidos, limpios, en definitiva, actuales. Pero los elementos 2D requerían aunque sea un paso por alguna IA de mejora o algún filtro que disimulara su inferior resolución, y es que lo que podría haber sido un caramelo visual de haberse tocado -porque no es TANTO trabajo como redibujar todos los fondos de un Final Fantasy de PSX o algo por el estilo, nada más lejos-, la primera sensación que te da al jugar es que hay algo que está mal en tu consola o que algo falla en tu configuración porque no se ve lo definido que esperarías de una remasterización.

Es frustrante y una pena que no se haya conseguido hacer que estos juegos estén a un nivel visual acorde a las tecnologías actuales, porque más allá de eso, Prinny 1•2: Exploded and Reloaded siguen siendo unos juegos estupendos que deberían ser más conocidos. Con suerte, si hay un Prinny 3, sí que esté a la altura en ese aspecto.

En esta ocasión solo he perdido a cuatro camaradas, otras veces perderé muchas más.

 


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por NIS America